Diario de Valladolid | Miércoles, 18 de septiembre de 2019

DE FIESTA EN FIESTA

El Diagosto y la Loa en La Alberca (Salamanca)

La Alberca es uno de los pueblos más espectaculares de España porque ha sabido respetar su historia, adecuarla a las necesidades del presente y proyectarla en un futuro prometedor. Desde comienzos del siglo pasado tuvo conciencia del valor de su cultura popular y del uso que podía hacer del hoy denominado patrimonio cultural tanto material como inmaterial. Llama la atención lo cuidado de su caserío de calles empedradas y casas de tres pisos en los que se distribuían (cuando la agricultura era la base de su economía) las cuadra, la vivienda y los almacenes.

10/08/2019

Son construcciones propias de un caserío arracimado en el que las casas tiran a lo alto buscando el espacio que les niega la anchura de la fachada. En los dinteles se pueden leer inscripciones y ver símbolos alusivos a la devoción de sus propietarios. La conservación y el cuidado del municipio consiguió que fuera declarado como Conjunto Histórico en el año 1940, siendo el primero en obtener esta categoría en España. Situado en la Sierra de Francia, es un ejemplo de la riqueza ecológica y natural de aquella comarca con bosques de robles y castaños en todo el término municipal. Desde La Alberca se llega sin esfuerzo a Las Batuecas un enclave de ensueño como reconoce la expresión “estar en las Batuecas” alusiva a la belleza paisajística y la paz que emana de este pequeño valle, con madroños y robles, dominado por el monasterio Desierto de San José, de especial relevancia para los padres Carmelitas Descalzos.

Los albercanos celebran a lo largo del año varias fiestas que recuerdan su historia y pero entre todos los festejos celebrativos destacan las fiestas patronales en honor a La Asunción de la Virgen el día 15 de agosto. Popularmente se conoce como el “Diagosto”, conservando un vocablo ancestral que significa el día principal de la conmemoración festiva. Era muy común aludir a las fechas de los patronos como los “disantos”, o días santos entre los santos, de donde derivó a “Diagosto” porque en este caso la alusión es a una fecha precisa del mes de Agosto.

La tradición marca que si, como es de esperar, hay toros los días de la función, se avisará con anticipación el día de Santiago (25 de julio) disparando cohetes y haciendo sonar el esquilón, sonidos que son acogidos con gran alborozo por la población. Durante cinco días tienen lugar una serie de manifestaciones festivas que culminan con El Ofertorio del día 15 y La Loa del día siguiente.

El día 14 los repiques de campanas y el pasacalle de un tamborilero anuncian la víspera, por la que se reconoce el santo, y caldean el ambiente para los días siguientes. A las doce de la mañana del día 15 la comitiva formada por las autoridades locales, el mayordomo, los cofrades, acompañados de los bailarines, y numerosos devotos van desde la plaza mayor a la iglesia parroquial a oír Misa Mayor. Después del oficio divino, la imagen de La Asunción es portada en andas desde la iglesia hasta la plaza, por calles tapizadas y adornadas con colchas, mantones y flores. Las andas de la imagen se colocan sobre una mesa enriquecida con manteles bordados con bellas figuras típicas del arte popular serrano. A continuación comienza El Ofertorio. Las primeras en ofrecer su donativo son las autoridades siguiendo un protocolo no escrito pero que se conserva y observa por la gente sin apartarse lo más mínimo de lo que mandan los cánones. Los oferentes hacen tres genuflexiones a la imagen antes de depositar el donativo, y se retiran posteriormente sin dar la espalda a La Asunción. Después de las autoridades, una pareja de vecinos ofrecen el pan bendito. Los siguientes son los mayordomos, los entrantes y salientes, que visten traje y capa tradicional y llevan un pañuelo atado a la cabeza. Las mayordomas visten manteo oscuro. A continuación de los mayordomos lo hacen sus familiares y aquí es posible ver alguna mujer luciendo el famoso traje de vistas. Al final todos los devotos hacen su ofrenda.

El traje de vistas, es uno de los más ricos y apreciados de la Península. Sólo se utiliza en ocasiones muy señaladas. Se compone de piezas de buenos lienzos y manteos de lana, de camisa de encaje y bordados serranos, mantos de paño con cintas de terciopelo negro. La cabeza se cubre con una toca de algodón y cintas de colores. Pero lo que más llama la atención es la riqueza de oro y plata que llevan las propietarias en pendientes, collares, relicarios con imágenes de devociones populares, y engastando los amuletos de coral y azabache que protegían a nuestras abuelas del mal de ojo, alunamientos y fascinaciones.

Después de El Ofertorio se puede asistir a una serie de bailes tradicionales entre los que destaca El Ramo. Es esta una danza en la que los danzantes bailan al ritmo de la gaita charra y del tamboril y en sus pasos trenzan y destrenzan las cintas que penden de la rama de un roble en forma de arco muy adornada con flores de colores. Otros bailes típicos, de carácter religioso, son los paloteos que se ejecutan a continuación. Finalizados los bailes la Virgen retorna a la iglesia, donde permanece en la andas hasta la hora de la procesión vespertina durante la cual recorrerá las calles acompañada de los devotos cantando el rosario.

El día 16, cuando la iglesia universal celebra la fiesta de San Roque, en La Alberca siguen honrando a la Virgen de La Asunción. En este caso lo hacen con La Loa, una obra de teatro popular que hace las delicias de nativos y visitantes. El recuerdo del demonio saliendo entre humo y petardos del infierno, o cayendo en él con la misma parafernalia, es una imagen que todos los nacidos en la Alberca llevan en su memoria.

La Loa es una pieza corta en la que los actores representan la victoria del Bien sobre el Mal. El mal está encarnado por el demonio, un personaje pintado de negro y el bien por San Miguel, los dos eternos rivales en el imaginario cristiano. El argumento es muy sencillo. Dos galanes, vestidos con el traje típico de la Sierra de Francia, deciden ir a la fiesta de La Asunción. En el camino se encuentran con un pastor, y mientras platican con él sobre la función, se aparece el demonio que sale de los infiernos, echando humo y con gran estruendo de pólvora, cabalgando sobre un pequeño monstruo con cara que imita a un dragón con cuernos de chivo y con siete cabezas de serpientes. Tiene el propósito de impedir que los galanes vayan a venerar a la Virgen. Al demonio le acompañan siete niños vestidos y pintados de negro representando los siete pecados capitales. Cuando están en la refriega dialéctica con los campesinos se aparece S. Miguel con siete niños disfrazados de ángeles que representan a las virtudes contrarias a los siete pecados capitales. Después de una pequeña lucha, el Arcángel S. Miguel y sus infantes vencen al demonio y sus pecados, enviándolos al infierno.

La Loa de la Alberca forma parte de un conjunto de pequeñas obras de teatro popular religioso en las que, con un argumento sencillo, se pretendía explicar al pueblo las virtudes de la fe católica y prevenirle contra el mal y las asechanzas del demonio. Estas obrillas se popularizaron y extendieron a partir del s. XVII, y sus textos pasaron por tradición oral o por escrito de pueblo en pueblo y de generación en generación. En un momento dado, como en el caso de la Alberca, llegaron a ser uno de los elementos de identidad del pueblo, porque los vecinos lo sintieron así, y porque además convocaba a numeroso público de las localidades vecinas que no se perdían la función. De la misma manera que los albercanos asistían a Las Loas que el día de la fiesta correspondiente se representaban en otros lugares. Las Loas como género teatral religioso popular estaban dedicadas a ensalzar las vidas de los santos patronos, aunque también se hicieron muy famosas las cantadas y representadas en Navidad. De esta temática tenemos ejemplos compuestos por magníficos poetas cultos locales, otras traídas de la corte, y otras las más numerosas, compuestas por vates locales que procuraban acercarse a su público relatando el nacimiento de Cristo y la adoración de los pastores, aunque con escaso talento literario. Son las llamadas Loas de la Cordera que se encuentran fundamentalmente en la Provincia de Zamora.

Las fiestas de la Alberca no se agotan en estas manifestaciones tradicionales, al contrario se completan con buenas orquestas y encierros de toros que recorren al alba las calles de la localidad. Han sido declaradas de Interés Turístico Nacional, porque se han convertido en reclamo turístico para el municipio, pero con gran influencia en toda la Sierra de Francia, y sus valores culturales y patrimoniales son sentidos como propios por todos los salmantinos.