Diario de Valladolid | Miércoles, 18 de septiembre de 2019

12:41 h. ANÁLISIS DE SITUACIÓN

El ganado está sediento

La falta de agua dibuja un escenario «mucho peor» que el de 2017 y «ya está asfixiando» a un sector «muy envejecido» que reclama ayudas directas / Una crisis que se acrecienta por los precios «duplicados» de la paja y los problemas sanitarios

ELSA ORTIZ 29/07/2019

La ganadería castellana y leonesa se tambalea. Lo hace sobre una fina cuerda deshilachada de la que tira un sector totalmente envejecido en cuya mochila carga con los vaivenes de los precios y los problemas sanitarios. La sentencia a la «extinción» es el abismo hacia el que ahora da un empujón decisivo la falta de agua: los animales están sedientos y sus dueños desesperados por encontrar salida en un callejón que se antoja sin ella. 

Carlos Sánchez lleva «toda la vida» entre cuadras y de manera oficial desde 2003. Un camino en el que ha tenido que salvar distintos baches pero ninguno de esta envergadura. «No había pasado por una situación tan dramática hasta ahora», lamenta el responsable del sector ganadero de la Unión de Campesinos de Castilla y León (UCCL). Su provincia, Salamanca, es una de las peores paradas. «Tenemos una sequía muy brusca que se va a agravar aun más en agosto y septiembre», asegura temiendo el calor que suele acompañar a estos meses.

La escasez de agua tiene una repercusión directa en una alimentación del vacuno también de capa caída que, a su vez, se refleja en la cartera. Carlos estima un gasto aproximado de unos 50 euros mensuales por animal. «En una explotación de un centenar de vacas, durante un trimestre, se alcanzan los 15.000 euros», calcula para sumar «los trastornos de traer agua con cisternas».

A los ganaderos no les salen las cuentas en un escenario «mucho peor» que el de 2017. «Dos años de sequía tan seguidos agravan muchísimo la situación, económicamente las explotaciones están muy ahogadas», asevera como argumento de peso para pedir a la Junta de Castilla y León que eche una mano al sector. «Hablar de más créditos solo contribuiría a asfixiar aun más a la ganadería», comenta antes de elevar su demanda de ayudas directas para el «equipamiento con cisternas o abrevaderos». Otra propuesta que plantea en este sentido es la «exención de las cuotas de la Seguridad Social durante unos meses».

Carlos aprovecha para poner en entredicho los seguros. «Los de hace dos campañas no llegaron a todos los ganaderos y en una como la actual no cubren nada. A parte de que la mayoría de los profesionales no los tenemos contratados porque no resultan ni atractivos ni efectivos», sentencia.

CIERRE

Dos consideraciones añade este ganadero en su listado de tareas pendientes que urge acometer: modificar los seguros para poder hablar «realmente de eficiencia» y una «inyección de dinero» directa desde la Administración. «Si no se actúa, son muchas las explotaciones que tendrán que cerrar», advierte. Y es que la batalla de la sequía, continúa, no es el único frente que este sector tiene abierto. «A esto hay que sumar la caída en picado de los precios tanto de la carne como del vacuno de vida en la que llevamos inmersos un montón de semanas», contextualiza este ganadero.

No reciben pero sí les quitan. Prueba de ello es el coste disparado de la paja. «Por un camión piden este año lo mismo que por dos en la campaña pasada», compara para hacer entender lo «caótico» de una situación en la que las materias primas se duplican mientras que los precios continúan en un salto al vacío. «No quiero parecer exagerado, solo soy realista», garantiza tras sumar los perjuicios de la sequía.

La mecha de esta bomba a punto de explotar la encenderá, a su juicio, el acuerdo de la Unión Europea con Mercosur que no comprende y tilda de «vergonzoso», convencido de que el «gran damnificado» es el vacuno. «Lo único que van a conseguir es cargarse todas las explotaciones de carne, como ya han hecho con las de leche», considera. Insiste en que «puede ser la puntilla que asfixie totalmente» a un sector que solo necesita una palabra para ser definido: envejecido. «Yo tengo 44 años y soy muy joven. Detrás de una de cada tres PAC que se hacen está gente mayor de 65», apunta para resumirlo en tres palabras: «no hay renovación».

Para este salmantino, el testigo no llega hasta las nuevas generaciones por la «complejidad» que les da la bienvenida. «Las inversiones para tener una explotación ganadera son brutales entre la finca, los animales y la maquinaria. Al no ser que se herede, a día de hoy es inviable», opina para reconocer que es «un planteamiento muy negativo pero que se corresponde con la realidad».

La cosa no queda aquí. «El problema sanitario es enorme», denuncia. Carlos parte de la premisa de que la «tuberculosis no se va a erradicar» puesto que el sector lleva «casi tres décadas con este tema y sigue igual que el primer día». Entiende el papel que juegan los saneamientos pero de tilda de «ilógico y sin sentido que una sola vaca positiva sentencie a toda una explotación». Por ello, aboga por una «mayor flexibilidad» para que el resto de terneros, los no marcados, «tengan como destino el cebadero y el posterior sacrificio».

A modo de conclusión, tras haber puesto sobre la mesa las distintas «zancadillas» con las que se topa este sector, aprovecha para dar un toque de atención al nuevo presidente de la Junta de Castilla y León. «Ahora es el momento idóneo para que Alfonso Fernández Mañueco demuestre realmente si va a defender al mundo rural, como le hemos escuchado durante toda su campaña», insta convencido de que «viniendo de Salamanca tiene que ser buen conocedor del problema que tenemos en la provincia y de la importancia que tiene la ganadería en ella y a nivel regional». Concluye con un mensaje claro: «como no nos ayude, estamos perdidos».

CABRAS

Mientras soplaba las 51 velas que adornaban su tarta de cumpleaños, Alfredo Martín pensaba que en él «se acaban las cabras de San Bartolomé de Pinares si no hay cambios». Este municipio abulense es uno de «los más afectados» de la zona por la sequía. «Estamos bajo mínimos», asegura este ganadero en una pausa de sus idas y venidas constantes «con cisternas cargadas de agua para los animales».

Alfredo tiene una explotación de vacuno de leche, con 700 inquilinas. «El 75% de la leche es agua. Ahora mismo hay cerca de 400 cabras que beben solo cada 24 horas, cuando tendrían que hacerlo de manera más constante para seguir comiendo y produciendo», concreta antes de confesar que él no da abasto. «Todos los días traigo mil litros de agua con un remolque, pero realmente necesito entre 8.000 y 10.000», precisa con el lamento de la repercusión más directa: la caída de la producción que, calcula, podría ser de un litro diario por cabra. «Por no hablar del sufrimiento que ocasiona verlas corriendo de pilar en pilar buscando qué beber», apostilla.

A su juicio, es el Ejecutivo autonómico quien tiene «los medios para poder ayudar» y salvar esta situación. «Necesitamos que nos echen una mano para soportarlo», pide con la certeza de que un Ayuntamiento como el de San Bartolomé no puede asumir los costes que el parche de traer agua conlleva. «El Consistorio también está inmerso en la búsqueda de soluciones. Se ha intentado sacar con bombas de un pozo que hace años se utilizó para abastecer al pueblo, pero tiene muy poco caudal», explica con un tono alarmante. «Estamos mucho peor que en 2017», valora con el pavor de lo que puedan traer agosto y septiembre.

La mella de la sequía se vuele más honda con el encarecimiento de la paja frente al 'stand by' en el que permanece la carne. «Mi padre tenía los mismos precios que hay hoy. Menos esto, sube cualquier cosa», protesta en un año «un poquito mejor» para la leche. «Parece que la gente se asusta porque pongamos el litro, de una calidad extraordinaria, a 0,65 euros cuando luego no les importa pagar más de un euro en el supermercado», compara antes de tocar el ámbito sanitario. «No podemos decir que los saneamientos nos perjudiquen pero al que le toca es muy duro por las pérdidas que ocasiona», resume.

Los ataques de lobo es otro bache, y hondo, de esta andadura. Alfredo sabe bien de lo que habla. «Me mataron en una noche a 34 animales y yo voy a poner todo mi empeño en que eso no vuelva a ocurrir con mastines», dice para insistir en que en el frente contra la sequía sí necesitan un fuerte respaldo. Asegura que la ganadería «supera cualquier cosa» pero ahora se siente «sola».

Más ganadería extensiva para prevenir incendios

Es época de incendios. Y, por ende, es momento de estar alerta para evitar que el fuego arrase el «riquísimo patrimonio natural» de Castilla y León. Con la certeza de que «un campo sin profesionales es un terreno abonado para las llamas», la Unión de Pequeños Agricultores (UPA) los postula como herramienta «ideal» de prevención.

A la par que parpadea la alerta de riesgo, encendida por unas temperaturas altas en un contexto de sequía, la organización agraria ha puesto en marcha una campaña informativa en las redes sociales para describir la «labor de limpieza de montes que realiza la ganadería extensiva».

De la misma manera, y ante la predisposición a «escuchar a la sociedad» declarada por el jefe del Ejecutivo autonómico, UPA deja patente la suya para «explicarle con detalle cómo podría contribuir este sector a prevenir incendios».

En concreto, propone al nuevo presidente del Gobierno regional un plan que fomente la ganadería extensiva en «zonas de máximo riesgo» como medida preventiva. «Este manejo tiene una enorme capacidad de desbroce natural, ecológico y económico; además facilita la conservación del medio», justifica.

Su secretario regional, Aurelio González, recuerda que «allí donde ovejas, cabras o vacas se encuentran pastando, el monte está limpio y se reducen drásticamente los incendios o, en caso de haber fuego, es mucho más fácil de controlar».

La «gran reducción» de esta práctica en los últimos años se traduce en «una rápida e intensa densificación de la vegetación arbustica, además de una acumulación de biomasa». La consecuencia, a su vez, es un aumento de las posibilidades de fuego.

UPA pone esta «tragedia recurrente cada verano» como ejemplo para recapacitar sobre el cambio climático. Insiste en que «la mejor política de prevención es promover la agricultura y la ganadería familiares, compatibilizando sus actividades con la protección del medio ambiente».