Diario de Valladolid | Sábado, 21 de septiembre de 2019

12:35 h. NUEVOS CULTIVOS

La búsqueda de un futuro para la quinoa

El sector denuncia las trabas que la falta de maquinaria pone para la comercialización

E.ORTIZ 29/07/2019

Dice el refranero popular que quien la sigue, la consigue. Raquel Rodríguez lo aplica a rajatabla. La televisión despertó su curiosidad sobre el cultivo de la quinoa y, desde entonces, no desiste en su empeño por sacar adelante el suyo propio. Primero lo hizo hasta convencer a su padre, que solo veía en esta apuesta una forma de «complicarse la vida». Y ahora lo hace para blindarle un futuro a esta alternativa a lo tradicional en el municipio leonés de Bercianos del Páramo.

Un viaje a Sevilla inclinó la balanza hacia el férreo convencimiento de esta joven frente a la negativa de su progenitor. Allí conoció a «una de las pioneras en introducir la quinoa en España» que, además de un cambio de impresiones, le proporcionó «semillas para probar». Y así empezó su incursión en este mundo hace tres años.

Aquel primer paso, con seis hectáreas de siembra, distó bastante de lo esperado. «La semilla no era la adecuada para esta zona», lamenta. Pero el ensayo-error continuó. Y el segundo paso llegó de mano del Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (Itacyl), con otra prueba en regadío. Tampoco funcionó y el tesón de esta mujer impulsó, para esta campaña, el salto al secano. «Está resultando bastante bien», celebra esta agricultura antes de descartar, a priori, daños por la sequía.

La siembra depende de «cómo venga el invierno» y, siguiendo su compás, la quinoa llegó al campo berciano en marzo. Las Fiestas del Pilar, en torno al 12 de octubre, son el momento idóneo para la recogida. Aunque Rodríguez deja la decisión última en manos del tiempo, siendo las condiciones climáticas las encargadas de dar luz verde para la cosecha de sus cerca de 20 hectáreas que exigen control, un buen abonado y un riego a la carta. «Mucho agua ocasiona problemas de pulguilla», concreta.

Todavía es pronto para hablar de producción, a pesar de que las expectativas sean positivas. Esta agricultora opta por la cautela antes que por hacer números en su primera campaña en secano. El año pasado, la única hectárea con la que contaba le devolvió casi 3.500 kilos. «Si en este sale todo bien, tendremos buena cosecha», apunta confiando en que no llegue una tormenta que «lo apedree y acabe con todo».

La pasada campaña un clamor retumbó por todo el sector: «No hay seleccionadoras en Castilla y León para limpiarla». Rodríguez explica que las similitudes entre la quinoa y el genijo, una especie de hierba, impiden el sulfatado. «El problema es que al cosecharlo entra también un poquito de hierba», concreta antes de apostillar que, en su caso, vuelven a «pasarlo por la cosechadora» como solución. Y es que la limpieza es clave para poder vender el producto «a buen precio».

Las puertas de su comercialización no están aun cerradas pues, a su juicio, la venta va en relación de los kilos que puedas obtener. «No es lo mismo 10.000 que 3.000, porque en este segundo caso buscas un punto de cercanía en el que sacarte un pellizquito», justifica con la consideración de que cuanto mayor sea la recogida, más altas pueden ser las miras.

El precio de ecológico puede rondar, siempre que esté limpio, «los 1.100 euros por tonelada», calcula esta agricultura para matizar que su plantación «solamente tiene un tratamiento para pulguilla» pero no cuenta con el certificado oficial.

Aunque está inmersa en el laboratorio de la quinoa, saltando de experimento en experimento, Rodríguez no duda en afirmar que «es rentable». Una rentabilidad que condiciona a la venta, poniéndola en duda en el caso de ser a pequeña escala. «Dar salida a 8.000 kilos cuesta más que si son 50.000», asegura.

PALENCIA

En la provincia palentina también entienden de experimentos. Las dos explotaciones que regentan Guadalupe Tejero y Jorge Patiño en Castil de Vela dan cada año la bienvenida a nuevos integrantes. «Según están las cosas ahora mismo tienes que buscar cultivos alternativos», considera este matrimonio antes de mirar a la anterior campaña, cuando apostaron por arroz y alforfón. Con el primero fallaron, pero comprobaron que el trigo sarraceno «se implanta perfectamente y cumple el ciclo».

La quinoa es la elección de este año, con un «campo de ensayo» de 7.000 metros cuadrados. Con esa misma superficie arrancó el alforfón, que ya ha dado el salto a las 12 hectáreas. La cautela reina en las pruebas con cultivos que «no sabe cómo van a adaptarse a las condiciones del terreno».

A finales de mayo tuvo lugar la primera siembra. Pero la visita inesperada de las pulguillas, que acabaron con todo, puso el contador a cero y estos agricultores tuvieron que volver a empezar a contratiempo, a mediados de junio. «Está un poco atrasado», reconoce Tejero antes de considerarlo como una manera de aprendizaje. «La primera vez sembramos a más distancia y a mayor profundidad, y la segunda vez hemos plantado las semillas más juntas y menos hondas», diferencia para asegurar que la sequía y las altas temperaturas tampoco lo ponen fácil, exigiendo «riegos cortos y continuos», antes de remarcar que el mayor problema no ha sido climatológico sino el ataque de pulguillas.

En Castil de Vela no hay cabida para las previsiones. La novedad de un cultivo que además va a destiempo hace que las labores sean «sobre la marcha» y con la esperanza de tener algo que cosechar. «El desconocimiento lo que hace es que vayas aprendiendo un poco cada día», remarca.

Para Tejero, la comercialización es el mayor hándicap con el que se encuentran quienes apuestan por dar alternativas al campo. Pone como ejemplo el trigo serraceno. «Tú sacas adelante tu producción y luego no eres capaz de darle salida», lamenta para denunciar la inexistencia de descascarilladoras en España. «Hay que sacarlo fuera del país, con lo cual no resulta rentable», matiza con el temor de que la quinoa se encuentre con la misma traba de la venta. «Si quieren productos diferentes, luego no pueden echarlos atrás», reprocha a la Administración coincidiendo con su compañera de profesión en que el campo castellano y leonés necesita innovación.

Cerveza burgalesa para blindar una salida

El cultivo de la quinoa aun está en ciernes en Castilla y León. Según los datos de la última PAC, suma 70 hectáreas. Pero quien apuesta por este cereal, que está a la orden del día en las modas culinarias, lo hace de verdad con el compromiso incluso de blindarle nuevas salidas.

Juan Carlos Sierra repite este año, siendo el segundo, con una hectárea en la localidad burgalesa de Terrazos de Bureba. Buscaba un «cultivo nuevo» y el «interés» que este despierta le encandiló. Sin embargo, recrimina su mayor pero: «los eslabones en la cadena hasta que llegan a la industria» donde, además, considera imprescindible contar con una «garantía de venta» a un «precio atractivo». Al igual que Raquel y Guadalupe, deja la clave del éxito en manos de la comercialización.

Precisamente para poder hablar de garantías surge la idea, que aun está tomando forma, de crear la asociación de productores ABUQuinoa. En la diana de sus objetivos está diluir la existencia de «tantos intermediarios entre el productor y la empresa».

La búsqueda de un «valor añadido» a este «cereal sin gluten» condujo a Sierra hasta Rodrigo Heras, un microcervecero burgalés cuya seña de identidad es la innovación y la búsqueda de nuevas variedades.
Juntos se encontraron con Atenea. No con la diosa griega de la sabiduría, sino con una cerveza artesana de quinoa, con presencia en Chile pero pionera en Burgos y en España. Sus primeras botellas ya están en el mercado, con un toque dulce y en cuya etiqueta puede verse el eslogan Bebe salud.