Diario de Valladolid | Sábado, 21 de septiembre de 2019

12:10 h. Bodega Diez Delirios / Navatalgordo (Ávila)

Las garnachas delirantes de Jose María y Esther

JAVIER PÉREZ ANDRÉS 26/07/2019

José María y Esther han empezado con buen pie. La fundación Tatiana Pérez de Guzmán, a través de su Observatorio Activo Ávila 1.131 que impulsa iniciativas emprendedoras en la provincia, les destacó y premió con 6.000 euros con los que arrancaron su bodega, diseñaron sus vinos e imagen y adquirieron maquinaría de vendimia. Una palmada para una empresa a la que han dedicado todo, apostando por su pueblo, formando parte del padrón, cultivando las viñas y transformando sus uvas en vino de calidad que pronto verá la luz con el sello de la DO Cebreros.

Son dos ‘vigneron’ con ADN de su tierra y terroir garantizado. Su proyecto, «delirante», es un magnífico ejemplo de la revolución que se está experimentando el medio rural y dentro del ámbito geográfico de la Denominación de Origen Cebreros. Una más de las iniciativas que pretenden salvar la garnacha y ponerla en valor, rescatando una parte del patrimonio genético de la viticultura española en Ávila. José María y Esther lanzan este año su primer vino, elaborado con las viñas de su pueblo y del entorno.

José María estudió Forestales en la Escuela de Coca, en Segovia, pero siempre con la mirada puesta en los majuelos de su familia, rodeados, eso sí, de fresnos, encinas, robles y pinos de repoblación. Esther estudió Empresariales en Salamanca y años después no solamente es vitivinicultora en su pueblo, Navatalgordo, sino que es también concejala en esta pequeña población del Alto Alberche abulense en la que viven ambos, pues de aquí son sus familias y sus raíces.

El término municipal está dentro del ámbito geográfico de la actual DO Cebreros. Los dos demuestran su compromiso con el terruño denominando a su proyecto Diez Delirios. El número diez responde a los abuelos de ambos, que cultivaron la vid que ellos, dos generaciones después, han vuelto a recuperar. Leonardo y Engracia y María y Toribio son los de Esther. Teodoro y Guadalupe y Urbano y Valeriana, los de José María. Y con ellos, suman diez. El mismo número de pequeños núcleos de población que en el pasado rodearon el término de Navatalgordo y que se denominaban ‘casillas’. El resto, la matriz latina de todo lo nuestro, dice Esther, «Delirare es salir del surco al arar la tierra».

Así se escribe esta pequeña historia de una bodega y un vino que nacen de las cepas de garnacha en vaso con medias de edad de 60 y 70 años. Un trabajo duro al que se enfrenta José María, viticultor de vocación, que cuando tenía 23 años compró su primera viña, la del Sotillo, con 300 cepas y por 1.200 euros. A partir de ahí, se unirían 23 parcelas en diferentes majuelos, repartidos entre Navatalgordo y Burgohondo.

Entre ellos, las viñas de La Horadada, que en el pueblo conocen como La Jora, en la que nació la madre de Esther. Además de la viña de El Chorrito, en el paraje de El Sotillo, que plantó el abuelo de José María. A ellas se unen las viñas de parajes tradicionales como La Baera, Los ‘Quemaos’, La Conejera, El Zahudejo y unas cuantas viñas en El Morisco, entre otras. Un panorama vitícola complicado, porque las prácticas culturales obligan a desplazarse por un territorio con una orografía compleja. Aun así, de un total de 3 hectáreas –entre todas las viñas- producen 10.000 kilos de uva y este año embotellarán 7.500 botellas con contraetiqueta de la DO Cebreros.

Han iniciado la elaboración en un pequeño local que esperan ampliar con el tiempo, con nuevas instalaciones. Después de la próxima vendimia saldrán al mercado los primeros vinos de la bodega 10 Delirios en Navatalgordo, iniciando así el camino de un nuevo pueblo de Ávila que recupera la viticultura y apuesta por el futuro de los vinos de calidad.