Diario de Valladolid | Viernes, 15 de noviembre de 2019

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El perito de los puestos de trabajo

Un ingeniero firma un sistema de valoración ergonómica que emplea tecnologías de industria 4.0 / Analiza cada movimiento para anticiparse a las dificultades, reduciendo las bajas laborables

E. LERA 09/07/2019

Busca entender cada uno de los movimientos durante ocho horas. Se fija en cada detalle, lo apunta y utiliza todas las herramientas a su alcance para arrojar unos resultados que ayuden a anticiparse a los problemas. Es un aliado de los trabajadores pero también de las empresas. Un sistema que tiene explicación a ese dolor de espalda, la contractura del cuello o el hormigueo de las piernas. Detrás de esa solución tecnológica se encuentra Javier González Alonso, un ingeniero de Telecomunicaciones en Sistemas Electrónicos y estudiante de doctorado de la Universidad de Valladolid (UVA).

Twyncare –así se llama el proyecto– brinda servicios de valoración ergonómica de puestos de trabajo y diseño virtual de puestos industriales, empleando tecnologías de industria 4.0 –internet de las cosas, realidad virtual e inteligencia artificial– tanto para diseñar los futuros puestos a implantar como para monitorizar y analizar los movimientos en los puestos lesivos actuales. Además, permite anticipar posibles dificultades en determinadas tareas, reduciendo el número y coste de bajas laborales y aumentando la productividad.

«Pretendemos presentar una solución integral que aporte a las empresas industriales la capacidad de mejorar sus etapas de diseño, formación y supervisión, ofreciéndoles la posibilidad de elegir qué servicio de los anteriores necesitan», apunta González Alonso, quien agrega que todos los datos de los puestos monitorizados serán subidos a la nube para procesarlos y extraer conclusiones del desempeño del trabajador en el puesto. «Nos cercioraremos de un incorrecto proceso de diseño de la tarea o, por el contrario, de una mala asignación del empleado a dicha tarea».

El objetivo, según señala, es facilitar a las distintas compañías del sector un instrumento de validación de puestos, que aporte medidas objetivas y homologables en las que basarse para tomar decisiones a la hora de la implantación, diseño o asignación de empleos. Y es que en la metodología actual de la mayoría de las empresas no incluye un proceso de diseño de nuevos puestos adecuado o una evaluación del mismo antes de su puesta en marcha, conllevando a «grandes pérdidas económicas» si al final se determina como un puesto lesivo y es necesario el rediseño parcial o total.

La ventaja principal es triple, ya que supone «un gran paso» en cuanto a capacidad organizativa y de control sistemático de las tareas en sus tres etapas: diseño, formación y puesta en marcha o evaluación. En los puestos más problemáticos en cuanto a bajas laborales por lesiones primará, por ejemplo, la evaluación; en los nuevos, el diseño y la formación. «Todo ello para abaratar los costes de las futuras modificaciones o evitar errores de diseño que puedan acarrear los métodos actuales», incide el estudiante de doctorado de la UVA.

En este sentido, sostiene que tal y como se hacen las cosas en la actualidad, si se diseña un puesto y se prueba, se pierde un periodo de alrededor de un mes. «El proceso es estático, se diseña, se prueba durante un tiempo y si no se obtienen los resultados deseados, ese tiempo de trabajo y dinero invertido se pierde prácticamente con escasos resultados». Ahora bien, celebra que con su sistema dinámico se puede prevé, gracias a la captura con sensores vestibles, los futuros resultados de implantación de ese diseño y así ir comprobando los cambios antes de llevar la tarea a la línea de montaje.

Además, añade que posibilita la asignación correcta de los puestos según capacidades, y argumenta, a través de las mediciones científicas, las exigencias en cuanto a un desempeño correcto de los puestos, sin posturas dañinas ni lesiones. «Sirve como un sello de garantía de que los procesos internos de la empresa cumplen la normativa, y pueden aumentar la productividad y la satisfacción de los trabajadores», se congratula.

Para el ingeniero de Telecomunicaciones, es innovador, ya que «nadie ha implantado una solución similar». Es verdad que existen otros proyectos, pero esta tecnología «carece de limitaciones» de las que se están aplicando en la actualidad en estos casos, permitiendo aportar ciertas ventajas a las empresas como un coste menos elevado o necesidades de espacio reducidas en sus salas de realidad virtual. Su idea es «cambiar el paradigma» en el que las compañías ven el proceso de asignación, evaluación y diseño de puestos de trabajo, al que con posterioridad añadirán la formación, porque quieren ofrecer «una solución integral» en la que las industrias puedan escoger qué parte del proceso quieren mejorar y adaptar a los nuevos tiempos.

Detrás de cada uno de los pasos que da se encuentra un sistema propio, tanto de sensores vestibles, que han diseñado, fabricado, encapsulado y testeado como el software de monitorización en tiempo real –con un avatar en 3D que muestra los movimientos del usuario– y el sistema de análisis posterior y almacenamiento en la nube. En concreto, precisa que se utilizan redes conformadas por sus sensores vestibles, de pequeño tamaño, para recoger los movimientos corporales con gran precisión, sin ayuda de cámaras u otros elementos externos. «Estos sensores son tan sencillos de colocar como ponerte un smartwatch».

El proyecto, que arrancó hace un año y medio, es aplicable a sectores productivos, como montaje de piezas de automoción, metalurgia o industria pesada. Al ser capaz de realizar un análisis del riesgo postural de los trabajadores, consigue «la perfecta adaptación» al puesto también desde el proceso de diseño. En este tipo de industrias, González Alonso manifiesta que se busca mantener el diseño de una tarea el máximo tiempo posible, haciéndola lo más adecuada y adaptada posible para no modificarla mientras no cambie algún procedimiento de la producción o se introduzca algún modelo nuevo.

La intención es conformar una empresa de base tecnológica. Eso sí, el primer paso va a ser conseguir financiación. «Una vez madurados distintos puntos como la versión del sistema comercializable, se buscará establecer una base de clientes, proveedores y demás para en un plazo cercano a un año vista, poder comenzar a facturar y hacer andar la idea», avanza el ingeniero de Telecomunicaciones de la Universidad de Valladolid, que gracias a esta idea viajará a Silicon Valley juntos a otros 55 emprendedores del programa Explorer.