Diario de Valladolid | Sábado, 21 de septiembre de 2019

8:40 h. EDITORIAL PÁRAMO PUBLICA ‘RECAYA’ CON EL SELLO VALLISOLETANO

Adriana Bañares siembra versos ante el desarraigo

La poeta explora las ideas del regreso como recaída y del atajo como paso para la transformación

J. TOVAR / VALLADOLID 07/07/2019

Fogonazos. Versos viscerales. Poesía como refugio y revelación. Palabras que tratan de hundir sus raíces en la tierra para sustentar vidas, forjar vínculos, crear seguridades... Adriana Bañares (Logroño, 1988) se abre paso con el poemario Recaya en el catálogo de la Editorial Páramo, el infatigable sello vallisoletano que recientemente también lanzaba a los anaqueles Los gorriones futuros, de Carlos Pérez Sacau.

Licenciada en Filosofía por la Universidad de Valladolid, responsable de títulos como La involución cítrica (Origami, 2011), Engaño progresivo (Fundación Jorge Guillén, 2012) o Ave que no vuela muere (Oblicuas, 2015), en Recaya Bañares explora dos ideas: «He querido jugar con esos dos conceptos: el regreso como recaída y el atajo como una manera de transformar el entorno en nuestro beneficio. El poemario habla de eso, de cuando las circunstancias te llevan a regresar a un lugar donde decidiste no volver, y de cómo tienes que adaptarte donde ya no te reconocen», reconoce la también directora de Aloha Editorial a este diario. ‘Recaya’, advierte Bañares, es una expresión propia de La Rioja que alude al camino que se crea en la naturaleza a fuerza de atajar. ‘Arrecayar’, a su vez, remite a un recaer.

‘Esta tierra no es mía. / Pero se me permite habitar’ escribe Bañares, que levanta un poemario íntimo en el que se palpa la angustia ante la pérdida de la inocencia. Un grito en defensa de los más débiles, en unos tiempos insensibles. ‘Es así de simple. El niño tropieza y cae / porque nadie le enseñó a mantenerse. / Un niño tropieza y cae / y no parará nadie a recogerlo’, escribe. «Plantearme tener un hijo me llevó a volver a mi infancia, a mis temores de cuando era niña y que no quisiera para mi hijo, y al miedo a no saber protegerlo. Hablo de la crueldad de los seres inocentes: de los niños, pero también de los animales, que siempre están muy presentes en mi obra», admite Bañares.

Conocimiento

La poeta afirma encontrar en la escritura una tabla de salvación y «en esta ocasión, más que en otros libros», una vía de conocimiento. «En estos poemas me he enfrentado a temas que no me había atrevido a encarar antes, como la distancia con el padre, la crueldad totalmente normalizada que vi en algunos compañeros de colegio, las dudas sobre ser madre... Escribir sobre eso me ha servido para entender mejor muchos aspectos de mi vida», subraya la autora del libro-blog La niña de las naranjas (Ediciones Emilianenses, 2010).

‘Te arrebaté la juventud y decidiste no darme un minuto de / tu tiempo durante la mía. Te arrebaté la juventud y decidiste. / Envejecemos, papá, en carreteras contrarias. Absolutos / desconocidos’, escribe como un lamento. Y es que hay desarraigos que trascienden del ámbito geográfico, emocionales, interiores, muy presentes a lo largo del último poemario de la riojana, que encuentra alivio y redención en el amor.

«Hay en el libro un poema que comienza con una frase que leí en Amo a Dick (Chris Kraus, 1997) y que dice: ‘Cuando tú y yo nos conocimos ya me había rendido’. En ese libro, Chris Kraus habla de que una contradicción se da cuando todo se hace posible de repente. En mi poema, hablo de cómo encontré el amor y de cómo este me abrió el camino y me demostró que volver, que el regreso, también significa ir a un nuevo lugar, a una vida nueva», celebra.

El poemario está sembrado de instantáneas tomadas con una Instax Mini 9 en las que la naturaleza confluye con lo artificial. «Hablo de la adaptación humana en la naturaleza y las contradicciones que a veces genera: árboles que comparten el medio con los edificios, suelo de tierra en las calles... Y también hablo del reencuentro con la infancia, que en mi caso está unido con la naturaleza», explica Bañares.