Diario de Valladolid | Miércoles, 18 de septiembre de 2019

El genio del Picasso ceramista desembarca en Las Francesas

La sala de exposiciones de Las Francesas reúne una treintenade cerámicas que el artista malagueño realizó en su madurez

ANA DE LA FUENTE VALLADOLID 06/07/2019

Picasso fue un artista total. Junto a su reconocida actividad como pintor, grabador o escultor, la sala de Las Francesas acerca ahora al espectador el genio del Picasso ceramista, una pasión que descubrió cuando apenas era un niño en su Málaga natal pero que frutificó en la última etapa de su vida.
Contaba ya con 66 años cuando la cerámica se convirtió en una nueva vía de experimentación y descubrimiento artístico. Atraído por la complejidad de un arte que no dominaba, fue para él más un estímulo que un obstáculo. «La cerámica le permitió una confluencia de técnicas y motivos pictóricos. Le fascinaba comprobar la transmutación de colores en el horno», destacó ayer Helena Alonso, comisaria de la exposición Tierra y fuego, que podrá visitarse hasta el próximo 15 de septiembre con fondos de la Fundación Fran Daurel.

Y es que su curiosidad por explorar nuevos caminos en un arte milenario, acabó por infundir una nueva vida a sus trabajos e imbuirles un sello propio.

Dotó de movimiento a la cerámica dejando volar su fantasía tanto en las formas planas como en las vasijas o en los jarrones. Porque toda la variedad de formas fueron moldeadas por las manos del genio.
En la sala pueden observarse vasos, cántaros y jarras de formas y ornamentaciones caprichosas donde se manifiesta en plenitud su espíritu creativo, así como platos o fuentes con ángulos redondeados y bordes poco realizados. La mayoría son obras blancas, negras o grises, aunque tampoco faltan piezas coloristas ilustradas con rostros, faunos, búhos o cabezas de cabras, como la bandeja que el artista dedicó y regaló a su amigo Manuel Pallerés en 1956 o una pieza en cerámica roja que realizó en marzo de 1971, dos años antes de su muerte.

Tal fue su pasión por la cerámica y por sus ilimitados recursos expresivos que, a su muerte, el artista malagueño tenía una colección de 3.000 obras.

«El barro y el horno le sirvieron para experimentar en su deseo de romper la jerarquía establecida por los diversos géneros artísticos», destacó Helena Alonso.

Tierra y fuego reúne una treintena de piezas que se confrontan con grabados para establecer, según apuntó la comisaria, un «paralelismo entre el papel y el barro y poder apreciar una similitud de trazos en soportes distintos».

Su actividad como ceramista fue un revulsivo para sus contemporáneos. «Su labor en este campo marcó un antes y un después. Muchos artistas se sintieron ‘legitimados’ para emprender el trabajo en esta disciplina», señaló la comisaria.

Así, Picasso a menudo recordaba la historia apócrifa del ceramista que quemó sus muebles para que su horno no se enfriase. Él añadía siempre:«Si fuera necesario para mantener el fuego, yo arrojaría gustosamente a mi mujer y a mis hijos al horno de la cerámica».