Diario de Valladolid | Miércoles, 20 de noviembre de 2019

11:39 h. VALLADOLID

Datos que salvan vidas

El Río Hortega pone en marcha un sistema de uso del ‘big data’ sanitario para generar conocimiento aplicable a mejorar la salud

E. LERA 04/06/2019

Datos, datos y más datos. Una montaña de información que no tiene fin. Detrás de cada uno de los números aparecen historias de dolor y enfermedad. Pero también de alegría por la llegada de un miembro más a la familia. Cientos de pruebas que una persona se hace a lo largo de su vida por diversos motivos: la caída del columpio cuando tenía seis años, el parto de Martín, la operación de apendicitis, la prueba de esfuerzo, la revisión de medicina interna, las visitas a urgencias por esa muela del juicio que provocó varias infecciones, las pruebas de la alergia, el ingreso por una tortilla de patatas en mal estado...

Alargar la vida es un deseo tan antiguo como la humanidad. El mundo avanza y revoluciona todo lo que se encuentra a su paso, incluida la salud. ¿Y cómo lo hace? Los datos crecen de manera muy importante, gracias a la progresiva digitalización de la historia clínica electrónica y de las exploraciones clínicas, así como la información que proviene de los dispositivos móviles que los propios pacientes utilizan, como relojes digitales o pulseras de ritmo cardíaco.

En ese escenario entra en juego la inteligencia artificial, una herramienta que cambiará la salud en las próximas décadas. El Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid ha puesto en marcha un sistema de uso del big data sanitario para generar conocimiento aplicable a mejorar la salud de los pacientes. «Aunque los centros sanitarios somos una fuente de datos muy importante y además España es uno de los países del mundo con mayor digitalización de la historia clínica electrónica, muy pocos hospitales han entrado ya en la fase de análisis de esos datos», apunta Gloria Sánchez Antolín, coordinadora de Innovación del Área de Salud Valladolid Oeste.

En este sentido, asegura que ha sido necesario esperar a que la tecnología pudiera ayudar a dicho análisis que, lógicamente por el volumen y por la falta de campos estructurados de la historia clínica, se hace «muy difícil» y requiere «muchos recursos humanos» cuando se realiza mediante un análisis tradicional. Savana –así se llama la plataforma– aterriza para revolucionar hasta el último rincón del centro vallisoletano. Es una herramienta de inteligencia artificial, capaz de realizar búsquedas en la historia clínica electrónica de manera anónima, detectando y aprendiendo el lenguaje natural utilizado por médicos y enfermeras en su día a día.

«Dichas búsquedas pueden combinar términos, seleccionar periodos de tiempo o servicios hospitalarios, etc. Asimismo, cuando se realiza una búsqueda de una patología concreta, esta herramienta es capaz de extraer los diagnósticos asociados al proceso que buscamos, detectar la proporción de factores de riesgo vascular o los tratamientos que han recibido los pacientes. Y todo ello en solo unos segundos frente al tremendo esfuerzo humano que deberíamos realizar para hacer esa tarea con los métodos tradicionales», celebra la también jefa de la Unidad de Hepatología.

El proceso de almacenaje es «sencillo»: el médico o la enfermera escriben la historia clínica electrónica como lo llevan haciendo desde que se implantó. «No es preciso clasificar de ninguna manera concreta dichos datos, ya que la herramienta de la que disponemos es capaz de analizar datos no estructurados, es decir, lenguaje natural, que es como habitualmente escriben los profesionales de la salud.

Pero también en la historia clínica hay datos como son la analítica de cada paciente, los informes de radiología, de anatomía patológica... Todos esos datos son los que se utilizan para el posterior análisis global de cara a extraer de un gran conjunto de datos inmanejables de otra manera y que podemos traducir en conocimiento», explica para, a renglón seguido, puntualizar que toda la información está protegida por la ley de Protección de Datos mediante controles de acceso con clave, auditorias...

En esta línea, Sánchez Antolín subraya que el análisis de big data se hace sobre dichas historias clínicas anonimizadas por el servicio de Tecnologías de la Información del hospital. «Convertir los datos en anónimos es un paso fundamental que se realiza con extremo cuidado y sigue múltiples controles». Además, dice que en big data pierde interés la pregunta ¿a quién le pasa algo? Para interesarse por ¿A cuántos pacientes les está pasando algo?

Los datos sanitarios son «extraordinariamente valiosos» por muchos motivos. En el Área de Salud Valladolid Oeste hay datos de más de 150.000 pacientes. Y de muchos tipos. Además de datos clínicos recogidos por el médico en la consulta, hay otro tipo de datos que mejoran la calidad de la información, como son de enfermería, analíticos, radiológicos, de anatomía patológica, etc. «La información es de muy buena calidad, es decir, es veraz, ya que está recogida por profesionales, que garantizan su exactitud». A esto se une, dice, su valor, puesto que es representativa de la patología que padecen los pacientes y las técnicas realizadas están calibradas y son las aprobadas para uso médico.

De momento, el hospital Río Hortega tiene dos líneas de proyecto abiertas. Por un lado, se ha detectado la indicación excesiva de fármacos inhibidores de la bomba de protones en pacientes hospitalizados. «Esta observación nos ha llevado a plantear la posibilidad de implementar en la historia clínica una alerta de ayuda a la prescripción del médico, que le recuerde si es necesario utilizar dicho tratamiento», sostiene y añade que la decisión final siempre es del médico pero la herramienta puede ayudar a detectar situaciones en las que quizá se utilicen fármacos innecesarios.

Este proyecto se ha presentado ya en el Congreso Nacional de Directivos de la Salud el pasado mes en Santiago de Compostela y se mostrará en próximos días en el Congreso Nacional de Aparato Digestivo, que se celebrará en Santander. También utilizan los datos para detectar pacientes con patología como la hepatitis C, que no están siendo atendidos en las unidades especializadas correspondientes.

Savana está implantado en varios hospitales españoles, pero la idea desde el centro vallisoletano es dar un paso más y facilitar el acceso a la herramienta a los profesionales clínicos para que puedan tener no sólo datos de gestión sino que también sea un aliado para clínicos e investigadores. El proyecto se empezó a gestar hace tres años, pero hasta principios de 2019 no se consiguió poner en marchar. Y ahora es imparable.

Gloria Sánchez Antolín detalla que es «útil» para indicaciones terapéuticas y de pruebas complementarias o de recomendaciones, empleadas por la globalidad de los profesionales; para la detección de problemas clínicos que a veces no son evidentes; para la investigación clínica, ya que ofrece datos epidemiológicos concordantes con las variables introducidas por el usuario, ahorrando un enorme tiempo de extracción de datos, a la hora de plantear hipótesis de investigación; para la gestión sanitaria porque es capaz de aportar análisis en función de tipología de pacientes, diferencias clínicas entre hospitales, hábitos de prescripción por centro, y para la capacidad pronóstica tras conocer mejor la realidad. En esta última parte, puntualiza que se podrán construir modelos para predecir los riesgos de los pacientes a desarrollar patologías concretas.

La coordinadora de Innovación del Área de Salud Valladolid Oeste adelanta que la idea es seguir desarrollando las distintas posibilidades de uso de Savana en los diferentes ámbitos dando acceso a los profesionales para poder tener sobre todo resultados en salud, gracias a la mejora de la gestión, de la investigación y de la implantación de protocolos de actuación que faciliten a los profesionales su trabajo para ser más eficientes con la atención a los pacientes. Eso sí, deja claro que para ser los mejores es necesario mantener la financiación. Así, se podrán lograr iniciativas «tan ambiciosas» como el desarrollo de modelos predictivos que ayuden a los profesionales a adelantarse a la aparición de enfermedades.

GLORIA SÁNCHEZ ANTOLÍN / COORDINADORA DE INNOVACIÓN DEl ÁREA VALLADOLID OESTE: «Aparte del problema de la financiación, está la dificultad para asumir riesgos»

«Hay grandes investigadores en centros punteros de Castilla y León, que llevan muchos años poniendo a la región en el mundo, y que seguramente saben como nadie de la dificultad de arriesgar y de avanzar con todo lo que eso supone, de abrir nuevos campos e innovar tanto en ideas como en herramientas». Así dibuja Gloria Sánchez Antolín, coordinadora de Innovación del Área de Salud Valladolid Oeste, la situación de la investigación y la innovación en la Comunidad.

En este sentido, asegura que, además del problema de la financiación que es común a todo el país, hay otro obstáculo importante, que es «la dificultad para asumir riesgos en proyectos novedosos». En muchas ocasiones, comenta la también jefa de la Unidad de Hepatología del Hospital Río Hortega, innovar es tan sencillo como cambiar la organización de un equipo de trabajo para poder tener mejores resultados.

Por este motivo, Sánchez Antolín sostiene que lo más importante es que haya «muchos profesionales de mente abierta», capaces de cambiar las organizaciones y también, añade, es fundamental que haya directivos que quieran «poner en valor» las ideas y propuestas innovadoras y arriesgadas de los profesionales. De igual manera, desea que los dirigentes de Castilla y León tengan entre sus objetivos ser punteros tanto en el aspecto tecnológico como investigador a nivel nacional e internacional.

No obstante, lamenta que «muchas buenas ideas y proyectos regionales estén poco promocionados, poco conocidos y a veces poco financiados». «La internacionalización –continúa– es fundamental también para conseguirlo». Es verdad, reconoce, que la sociedad no premia tanto como debiera el talento y la innovación. «No es fácil conseguir ayudas para profesionales que quieren realizar estancias en centros tecnológicos o educativos punteros a nivel mundial. Además, en el ámbito profesional no siempre están valoradas las aportaciones. Creo que desde la parcela educativa se deben extender algunos proyectos piloto en educación, en innovación, etc.», concluye.