Diario de Valladolid | Sábado, 21 de septiembre de 2019

La crisis de la modernidad se instala en Pasión

La sala reúne obras de artistas como Renoir, Sorolla, Rusiñol, Fortuny, Ramón Casas o Isidre Nonell procedentes de la colección Fran Daurel

ANA DE LA FUENTE / VALLADOLID 21/01/2019

La sala de exposiciones del Museo de Pasión reúne hasta el próximo 31 de marzo un total de 35 obras de una veintena de artistas procedentes de la colección Fran Daurel. Bajo el título Los antimodernos, De Renoir a Torres García, la exposición plantea un discurso que recorre las consecuencias estéticas de la crisis del 1900. Un periodo complejo en el que el agotamiento de los valores lleva a los creadores a la búsqueda de un nuevo arte, una nueva etapa como nexo entre el realismo y la eclosión de las vanguardias.
La crisis de la Modernidad, según apuntó ayer la comisaria de la exposición, Helena Alonso, es el resultado «del agotamiento de los valores y las esperanzas tradicionales por un lado y la desorientación y la angustia por otro». Un nuevo arte que no es producto de la evolución, sino de la ruptura y que busca nuevos caminos.

La exposición reúne óleos de un periodo comprendido entre 1855 y 1912 de artistas como Renoir, Sorolla, Torres García, Fortuny, Santiago Rusiñol, Anglada Camarasa, Joaquín Mir, Antonio Utrillo o Torres García, entre otros. Todos ellos se oponen a los tiempos que les ha tocado vivir y protagonizan un cambio de tendencia pictórica. Los antimodernos arranca el recorrido con Desnudo masculino (1855), de Mariano Fortuny, que anticipa ya una transformación estética, y finaliza con Escena de l’Arcadia (1912) de Joaquín Torres García con claras influencias clasicistas.

Un periodo de tiempo «breve» en el que «sorprende», destacó Helena Alonso, la diferente manera en la que los creadores abordan y afrontan diferentes temáticas como ocurre con el universo femenino y su papel en la sociedad. Así, el recorrido por la exposición permite contemplar desde el Desnudo en el diván amarillo, en el que Sorolla inmortalizó a una mujer borracha o prostituta, o los retratos de una España profunda (Gitana vieja de Isidre Nonell), hasta las sofisticadas modelos de Ramón Casas con guantes, zapatos de tacón y faldas largas o la elegancia idolatrada de las mujeres de Masriera.

Tampoco faltan referencias a mujeres «naturales» y «no idealizadas» como La segadora de Ramon Marti i Alsina, a mujeres del ámbito religioso (La lectura, de Modest Teixidor)y a aquellas que van rompiendo moldes y conquistando nuevos terrenos tanto en el ámbito deportivo (El descanso de los ciclistas, de Ramón Casas) como en el urbano (Dos amigas, de Antonio Utrillo).

En la exposición también pueden contemplarse obras del catalán Mario Fortuny, quien «iluminó» el arte con su aportación al estudio de la luz, Santiago Rusiñol, con imágenes costumbristas (El barberillo de Puigcerdá) o retratos en los que se aprecian influencias del Greco (Doctor Robert), así como una obra de Renoir: Femme et jeune fille dans un paysage, que el artista realizó tres años antes de morir aquejado ya por su enfermedad degenerativa.

Una exposición «impactante», como ayer la calificó la concejala de Cultura, Ana Redondo, que podrá visitarse hasta el próximo 31 de marzo.