Diario de Valladolid | Martes, 12 de noviembre de 2019

11:04 h. HORTALIZAS CÁNDIDO

El reino de los puerros y zanahorias

Ha pasado medio siblo desde que Cándido decidió regresar a su pueblo, Carbonero El Mayor, y fundar la comercializadora de hortalizas que lleva su nombre. Sus puerros y zanahorias llegan a toda la mitad centro y norte peninsular. Y exporta desde 1992 el 10% de sus 18.000 toneladas de producción, la gran mayoría a Portugal, pero también a Reino Unido y Francia.

TERESA SANZ TEJERO 08/10/2018

La empresa sigue llamándose Hortalizas Cándido, aunque el negocio familiar va por la segunda generación y lo dirigen a cuatro manos Marta y David, los dos hijos del fundador. Cuentan con orgullo que la marca está bien implantada. «Cándido es un nombre de prestigio en el mundo de las hortalizas. No vamos a cambiar el nombre porque no seamos ninguno Candido. ¿Para qué? Cándido Muñoz Pascual es nuestro padre y fue él quien fundó la empresa!», señalan.

Con 35 y 40 años, ambos ingenieros, han crecido en el mismo entorno donde el hombre que la fundó quiso que estuviera; Carbonero El Mayor, su pueblo. «La empresa está localizada aquí, nos implicamos en nuestro entorno que es el medio rural. Aquí no existe peligro alguno de deslocalización», comenta David, que conoce los pormenores del negocio desde que era muy niño. «Los inicios los sé de oídas, pero a mí siempre me tiró el campo; por eso estudié Agrónomos», explica.

Marta dejó Caminos, Canales y Puertos después de trabajar varios años en Madrid para una gran empresa. El último ERE recondujo su vocación y, la experta en cálculo de estructuras, cambió los puentes y carreteras por las grandes cadenas de procesado en las que entran a diario toneladas de zanahorias y puerros. Al fin y al cabo, como dice, «la sabiduría no es estanca y el conocimiento se debe aplicar en cualquier proceso empresarial».

Les gusta lo que hacen; se nota y ellos han sido los felices culpables de adaptar y renovar por completo las instalaciones y su moderna maquinaria. «El sector ha progresado mucho tanto en las líneas de lavado, como de envasado y comercialización al por mayor”.

Cada día entra el producto que, primeramente se lava, se selecciona, es cepillado, enfriado y calibrado. Todo sucede en dos naves unidas que ocupan más de 3.300 metros cuadrados. En un lado: el reino de la zanahoria. Al otro, los puerros.

¿Qué queda de la empresa que fundó su padre? Ambos tienen claro que «casi todo, pero adaptado al momento actual». «Quedan la capacidad de sacrificio que requiere un negocio familiar; la constancia, el tesón, el trabajo, pero la maquinaria y las nuevas tecnologías han obligado a renovarlo todo», señalan. Hablan así mientras un ‘Robopac’ de última generación empaqueta girando sobre sí mismo un palet gigante de zanahorias recién envasadas, como si fuera una maleta de aeropuerto.

Cuentan los hijos (antes de que Cándido llegue para darse una vuelta por su casa, como acostumbra a hacer desde que se jubiló) que la empresa fue idea de dos hermanos, Cándido y José, que habían empezado como fruteros en Madrid. Ha pasado casi medio siglo desde que aquellos dos hermanos de Carbonero El Mayor decidieran uno, José, quedarse en Madrid, y el otro, Cándido, regresar a su pueblo y fundar la comercializadora que lleva su nombre.

Al principio era una sociedad dedicada al lavado, envasado y comercio al por mayor de hortalizas que Cándido adquiría en su totalidad a los agricultores de la zona. Aún recuerda su hijo cómo los contratos de compra del género se sellaban con un apretón de manos, porque la seriedad en el trato no hacía necesarios los papeles, bastaba la palabra.

«Hasta 2005, la empresa ha sido netamente compradora», señala David. Ahora, hay una parte de producción propia, alrededor del 30%, y una buena parte que sigue llegando a diario de los campos de cultivo que trabajan, en muchos casos, los herederos de aquellos agricultores con los que empezó a trabajar Cándido.
«Cuando ellos fundaron la empresa, también trabajaban repollo, calabacín, pepino, llegaron a hacer algo de patata y de puerro». La especialización posterior apostó por dos productos: la zanahoria, que ocupa 60 hectáreas de producción propia, desde Carbonero hasta tierras de la Ribera del Duero, y el puerro, que crece en 35 hectáreas entre Navalmanzano, Traspinedo, Santibáñez de Valcorva y otros núcleos.

«Desde hace quince años ambos productos se han ido implementando mucho, pero quizás sea el puerro el que más se ha multiplicado porque partíamos de menor producción y compra-venta», explica el ingeniero agrónomo, que fue quien decidió apostar por este producto.

Antes lo compraban y vendían, pero cuando David se hizo cargo, decidió hacer su propio puerro y continuar con la transformación y la comercialización. Anualmente venden 15.000 toneladas de zanahorias y 3.000 toneladas de puerros; cifras que van en aumento.

«Cuentan con una plantilla que suma 42 trabajadores, todos radicados en la zona: Lo más lejos, Segovia», bromea.

La comercialización «toca muchos palos», apuntan. Grandes superficies y mercados centrales de Madrid, Barcelona, Valencia , Zaragoza, Pamplona y Coruña distribuyen su sello, incluido en la marca Tierra de Sabor.
Cuando hablan de las claves del «éxito empresarial», lo tienen claro: «La frescura del producto que solo se consigue con trabajo diario». Así, sus productos se recogen, procesan y envasan diariamente. «En cuestión de 24 horas máximo, puerros y zanahorias están en los lineales. Una zanahoria, sobre todo en verano, desde que se recolecta hasta que llega a Merca Madrid han pasado solamente 18 horas», explica.

«Trabajamos con productos frescos y la organización de la empresa va enfocada a tener capacidad de respuesta inmediata», subraya David Muñóz. Él se encarga del campo, la producción y la comercialización, área que comparte con su hermana que, a su vez, se ocupa de producción, personal y administración.

Cándido llega cuando terminamos la conversación y preparamos la fotografía. «¡Cómo no voy a ponerme en la foto, si somos las dos generaciones de la empresa!», refiere con naturalidad mirando a sus hijos. «Ha sido una satisfacción ver que les gusta continuar con el proyecto familiar y lo hacen mucho mejor», comenta. «Solo tratamos de hacer las cosas bien desde una empresa localizada y ligada al terreno, al medio rural en el que vivimos», concluye David.