Diario de Valladolid | Jueves, 14 de noviembre de 2019

Quintanilla ‘brinda’ con Vega Sicilia

Centenares de personas acuden a la Fiesta de la Vendimia para ver la pisada de la uva, procedente de la afamada bodega

MARINA CASERO / VALLADOLID 16/10/2017

En el corazón de la Ribera del Duero se encuentra Quintanilla de Onésimo. Y uno de los eventos para promocionar la calidad de los caldos de la zona es el que ha celebrado el municipio este fin de semana. La tradicional fiesta de la vendimia y su consolidado mercado medieval acogió a centenares de personas en esta décimo sexta edición.

El acto central de la fiesta, por su vistosidad, fue la pisada de la uva en la Plaza Mayor. El buen tiempo animó a vecinos y forasteros a pasear por las calles para disfrutar como hacían en el medievo. Con la llamada del bufón, todos se acercaron para contemplar de cerca cómo se pisaba la uva antiguamente.

Cajas y cajas de uva tinta se amontonaban al lado del lagar. Tres menores, dos niñas y un niño, uniformados con camisa blanca y pantalón negro como auténticos lagareros, comenzaron a pisar la uva tinta de la conocida bodega Vega Sicilia. Una uva de calidad, que en pocos minutos gracias al entusiasmo de las pisadas de los niños, se convirtió en mosto. Jarras y jarras de barro se llenaron con el líquido resultante para ofrecerlo a todos los asistentes, junto a unas pastas elaboradas por una repostera de la localidad.

En el centro de la Plaza Mayor se encontraba la cantina y en torno a ella, en las calles aledañas, se distribuían los más de 70 puestos del mercado medieval. De hecho, varios de ellos reservan esta fecha para instalarse en Quintanilla. Y algunos no han podido hacerlo por falta de espacio.
En el mercado se podía adquirir todo tipo de productos artesanos de la geografía española. Desde quesos y embutidos, hasta pan y repostería tradicional. Por otro lado, había puestos de jabones naturales y, sin duda, los más mayoritarios fueron en los que se podía adquirir bolsos, carteras, pañuelos y bisutería.

En la parte posterior de la iglesia había una pequeña granja donde adultos y niños podían acercarse a contemplar un pavo, una oveja y varios terneros. Los más pequeños asistieron a un taller de alfarería y pinta caras, además había atracciones para ellos como el barco bikingo. La noche del sábado también fue uno de los momentos más llamativos de la fiesta. Varios vecinos asaron un cerdo entero a la antigua usanza y alrededor de 120 personas carcaterizadas disfrutaron de este manjar.