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Educación y despoblación

FERNANDO REY FERNANDO REY
20/03/2019

 

CASTILLA Y LEÓN Y muchas otras regiones de España y de Europa se están despoblando. Esto es un hecho preocupante. No son pocas las personas que ven con tristeza cómo sus pueblos están aparentemente llamados a desaparecer en pocos años por falta de vecinos. Detrás de este fenómeno hay procesos sociológicos profundos y poderosos. Porque la gente vive donde quiere vivir y el estilo de vida rural tradicional ya no es atractivo para la mayoría de los jóvenes. La tendencia en todo el mundo (con permiso de lo neo-rural, que también tiene su punto) parece ser la agrupación en las ciudades más grandes. Es difícil revertir esto porque va en contra de la mentalidad dominante.

Nuestra Comunidad es enorme en extensión, además, y cuenta con un número desproporcionadamente alto de municipios (casi uno de cada cuatro españoles), lo que tiene que ver con las formas tradicionales de subsistencia económica mediante minifundios agrícolas y ganaderos. Evidentemente, y hemos podido observarlo en los años anteriores a la última crisis económica, cuando la economía va bien hay más población, aunque sea más por la atracción de inmigrantes a las tareas del campo que por el número de nacimientos de nacionales.

He podido comprobar en directo, por mi trabajo de consejero, el disgusto y la tristeza de muchas personas en el medio rural cuando hay que cerrar una escuela por falta de alumnos. Es un sentir general que cuando se cierra la escuela, se cierra el pueblo. Ciertamente, hemos flexibilizado al máximo las cosas para poder apoyar a la escuela rural, pero a veces eso no basta porque la población no brota de un día para otro como en la película “Amanece que no es poco”.

Esta es la realidad y lo va a seguir siendo, acusadamente, en los próximos años. No nos gusta a nadie. Pero es la realidad. Otra de esas verdades incómodas. Podremos mejorarla significativamente en parte. Pero que nadie espere soluciones mágicas ni rápidas. Por eso me parece irresponsable que los políticos en la oposición hablen de la despoblación como si fuera culpa o responsabilidad del gobierno de turno. Si lo piensan de verdad es que no son muy listos. Si saben que no es cierto, son más listos, pero alientan entre la población menos formada una auténtica idea fake: no sólo que Castilla y León se despuebla por culpa del gobierno, sino algo verdaderamente peor: que la solución a este problema y a casi todos los demás vendrá por la acción del gobierno de turno y no por la propia iniciativa, creatividad y empuje de todos, empezando por los más jóvenes. El gobierno puede cambiar muchas cosas, pero el futuro de nuestra tierra, por más que tengamos mentalidad de funcionarios públicos (¡yo mismo soy uno de ellos!) va a depender más de la sociedad que de los poderes públicos. La tristeza por el mundo perdido no va a parir nada nuevo ni bueno. Es una de esas “pasiones tristes” de las que hablaba Baruch Spinoza, que son las que nos invitan a la pasividad y a la negatividad.

El sistema educativo en una Comunidad como la nuestra puede hacer mucho para fijar población y prestarle atractivo al medio rural. Somos una comunidad rural: el 67,84% de las escuelas de infantil y primaria están ubicadas en municipios de 10.000 habitantes o menos (casi toda ella pública, por cierto). Tenemos escuelas abiertas con 4 alumnos (e incluso con 3 bajos ciertas condiciones): 40 en total; tenemos muchas escuelas de pueblo incompletas (es decir, con chicos de diversas clases en el mismo aula: 237 escuelas); tenemos internados para que alumnos de zonas muy alejadas puedan asistir cómodamente (y gratis) a clase; permitimos aún a algunos colegios del medio rural impartir primero y segundo de la ESO con la estructura de un colegio de primaria y no de un Instituto; contamos con 1.934 rutas de transporte escolar, la inmensa mayoría de la zona rural, claro (en más de 400 rutas transportamos a 10 o menos alumnos; a veces, lo hacemos en taxi); disponemos de más de 307 comedores rurales en los que se presta servicio diariamente a más de 19.000 comensales (90 de ellos tienen menos de 20 comensales) –el 65 disfrutan de este servicio gratuitamente; como puede deducirse, la ratio de alumnos/profesor en medio rural es bajísima; tenemos 26 aulas de educación especial en medio rural y tres centros de educación especial (Ponferrada, Astorga, Aranda), además de en las 9 capitales de provincia; contamos también con 10 centros rurales de innovación educativa en el medio rural (CRIES), donde los alumnos de toda la comunidad realizan actividades formativas intensivas de varios días en régimen de internado…

Estoy seguro de que muy poca gente conoce la tupida red de servicios de extraordinaria calidad que presta el sistema educativo en el medio rural. Es algo fantástico. Cuando el Informe PISA nos dice que no hay diferencias significativas entre la escuela urbana y la rural en Castilla y León lo que se me viene inmediatamente a la cabeza es que este resultado no es ni mucho menos casual. Además, la escuela rural en nuestra comunidad es profundamente innovadora y dinámica; lo puedo ver en directo en todas y cada una de mis visitas. Nuestros profesores están muy bien formados y altamente motivados. Todo ello no es gratis; no es gasto, es inversión, sin duda. Pero los ciudadanos de nuestra comunidad tienen que saber que casi 7 de cada 10 euros del sistema educativo se destinan a la escuela del medio rural. Estamos haciendo una apuesta estratégica sostenida en el tiempo y en el enorme espacio de nuestra comunidad. Es evidente que si dependiéramos del gobierno central en materia educativa esto no sería ni mucho menos así.

Un ámbito de la educación que es especialmente interesante para el medio rural porque es el único que fija de modo estable población es la formación profesional. No es casual que bastantes alcaldes me pidan sistemáticamente ciclos nuevos para su localidad. El 82,4% de los titulados de grado medio de FP y el 83,2% de los de grado superior, encuentran trabajo en la provincia de residencia antes de un año tras terminar sus estudios. Nuestra comunidad se enfrenta a una renovación profunda y extensa de los trabajadores que se van jubilando porque tenemos una tasa muy alta de envejecimiento. La FP debe proporcionar a las empresas de la comunidad (a las existentes y, ojalá, a las que creen los propios egresados tras completar sus estudios) las nuevas competencias que se requieren, sobre todo las derivadas de la emergente industria 4.0. Muchos empresarios se lamentan de que hay mucho paro juvenil, pero que ellos no encuentran trabajadores con la formación que necesitan. Por ello hace falta implantar nuevas titulaciones y adaptar las existentes a los cambios de nuestra era tecnológica, vinculando mucho más la FP a las empresas de cada localidad.

La realidad es que una gran parte de los ciclos de FP en nuestro territorio están obsoletos (se implantaron de modo rápido y baratito con la LOGSE en los años 90 y de espaldas a las empresas del entorno). Y también es un hecho que para implantar un nuevo ciclo tecnológico hace falta una masa crítica de alumnos. Una población de 10.000 habitantes no tendrá más de 90 alumnos potenciales cada año para cursar FP (o bachillerato). Si a esto añadimos el porcentaje de abandono escolar temprano, la tasa de fracaso escolar, los alumnos que cursan bachillerato y los que eligen otros ciclos de FP, el alumnado potencial para cursar el ciclo tecnológico nuevo se reduce muchísimo. De hecho, a lo largo de la legislatura algunos intentos en este sentido interesantes han fracasado al final por falta de alumnos. ¿Qué hacer? Los alumnos de Universidad se trasladan a menudo de su localidad a la ciudad donde cursan los estudios pero los alumnos de FP no suelen hacerlo; pues bien, deberíamos poder dar facilidades y orientar a estos alumnos para que se trasladen durante algunos años a algunos municipios donde podríamos instalar los nuevos ciclos. Contamos, como he dicho antes, con internados propios, muchas veces casi vacíos, por cierto. En otras palabras: tenemos que agrupar mucho más la oferta de ciclos formativos en pocas localidades, en vez de dispersarles por todo el territorio porque esto, sencillamente, no es sostenible y con el tiempo, menos.

Así pues, es posible que la despoblación sea un animal tan furioso como silencioso en sus maneras, pero desde el sistema educativo quizá podamos embridarlo… hasta cierto punto, al menos.

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