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MADRID, EN EL TEATRO KAMIKAZE

Miranda retrata en el Pavón «las violencias de cada día»

La vallisoletana dirige a Antonia Paso en ‘Chicas y chicos’, del escritor inglés Dennis Kelly

J. TOVAR VALLADOLID
07/11/2019

 

Ella es una mujer sin nombre, que podría ser cualquiera, que podría ser usted. Y Ella, la protagonista de Chicas y chicos, es una mujer dispuesta a desnudar su alma, a contar sus recuerdos, a relatar como le conoció a Él, un hombre sin nombre, que podría ser usted si hubiera estado en aquella terminal de aeropuerto ensimismado en su lectura, para acabar siendo el padre de Leanne, una niña a la que le gusta crear, y de Danny, un niño al que le gusta destruir. Presencias palpables pero invisibles en el relato de Ella, a la que da voz la actriz Antonia Paso. Y el suyo será un relato que indagará en la naturaleza violenta de nuestra sociedad.

Tras su estreno el pasado mes de octubre en el 28 Festival Internacional Outono de Teatro en Carballo, y su posterior paso por el Teatro Principal de Ourense, la producción de El Sol de York recalará en el prestigioso Pavón Kamikaze del 25 de noviembre al 15 de diciembre. Dirige la responsable de The Cross Border Project, la vallisoletana Lucía Miranda.

A la autora de montajes como Nora, 1959 o Perdidos en Nunca Jamás le llegó la propuesta hace algo más de un año. «Javier Ortiz, el productor, me hizo llegar el texto a Bolivia; es una historia que se ha mantenido con mucho éxito durante mucho tiempo en la cartelera de Londres. Me gustó muchísimo pero estaba hasta arriba de trabajo y por dificultades de agenda no podía hacerlo», evoca la dramaturga en declaraciones a este diario. Tiempo después, fue Miguel del Arco, director del Pavón, quien se lo propuso, trasladando de nuevo el guante que le volvía a lanzar El Sol de York.

«Lo que más llama la atención del texto es lo cotidiano que es en lo que sucede, en las pequeñas violencias de cada día. Al acabar la obra acabas pensando que podrías ser Ella», reflexiona Miranda, que advierte cómo en la primera hora y cuarto de la función el espectador disfruta con las vivencias que cuenta la mujer y empatiza con ella. «Todo se pone difícil en los últimos 15 minutos, y eso es lo que lo hace más dramático. La violencia que le cambia la vida está mucho más cerca de lo que pensamos», subraya la directora vallisoletana.

De la risa al llanto, casi sin aviso, como de sorpresa, como suceden las peores tragedias, que dejan en quienes la sufren un sentido de culpa y de frustración. Una relación que se desgasta, rivalidad y envidia... «Hemos intentado hacer un montaje en el que no quede duda de que la culpable no es ella. Era importante: creo que es fácil caer en ese reproche de ‘lo tenías que haber visto’, y no es justo, porque ella es la víctima. Es en el otro lado donde hay que poner el foco. El texto de Dennis Kelly es lo suficientemente ambiguo como para que, según el plano en el que te posiciones, puedas culpabilizarle o no. Lo hablamos Javier, Antonio y yo y entendimos que la obra es lo sufucientemente abierta como para que eso pudiera suceder», admite Miranda, quien subraya que Chicos y chicas es una historia que también habla del poder, de cómo se ejerce en esta sociedad, de cómo nos relacionamos con él y de en qué nos convertimos cuando lo perdemos.

PUESTA EN ESCENA

A diferencia de la propuesta estrenada en el Royal Court londinense, donde la protagonista de Kelly hilaba su monólogo en un escenario de un azul intenso, frío, aséptico, que evocaba un rincón del hogar, Anna Tusell (Incendios) y Miranda plantean una escenografía dominada por un sugerente cubo rodeado de arena. «Compartimos la pulcritud, pero no queríamos que diera la imagen de un espacio realista, de hogar, porque aunque muchas imágenes remiten a la casa éste es un recorrido por la vida de ella: están el hogar, su profesión, sus viajes, su vida sexual... No queríamos reducir por eso el espacio escénico a un ámbito concreto. Ella es poliédrica», reivindica Miranda.

Chicas y chicos participará en enero de 2020 en la XVI Feria de Artes Escénicas de Madrid.

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