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BIOGRAFÍA

Jeff Tweedy, sin segundas lecturas

Llegan a nuestro país las memorias francas y desnudas del líder de Wilco, 'Vámonos para poder volver. Acordes y discordias con Wilco, etc.'

Juan Manuel Freire
20/10/2019

 

De un compositor como Jeff Tweedy, tan proclive a las metáforas, se podía esperar antes un libro de poesía que un libro de memorias, confesiones y meas culpas como 'Vámonos para poder volver. Acordes y discordias con Wilco, etc.' (Sexto Piso). Él mismo se muestra, al principio del texto, cohibido por el hecho de ser el personaje principal de su propia narración. Pero es que, además, Tweedy escribe sobre sí mismo y los demás sin demasiados filtros aparentes, relajado, distendido y con loables ganas de entretener.

'Vámonos para poder volver' empieza como un relato de iniciación a la música y sus poderes extraños. Esa cosa maravillosa que flota en el aire mejoró bastante su vida en Belleville, ciudad al sur de Illinois. El (mucho) más pequeño de cuatro hermanos, creció casi como hijo único y se sintió algo solo. Sus mejores amigos eran los discos. Su primer amor fue el 'Turn! Turn! Turn!' de los Byrds.

Tweedy heredó de su hermano Steve una colección de discos que le abrió las orejas a un nuevo mundo, o mejor dicho, infinitos nuevos mundos. Para abrirse aún más horizontes, leía revistas como 'Rolling Stone' y 'Creem' de cabo a rabo. A través del crítico Lester Bangs conoció a The Clash, su droga de iniciación: "Así como la hierba lleva a esnifar pegamento, los Clash me llevaron a los Sex Pistols y los Ramones, y así sucesivamente".

En el primer curso del instituto, se acercó a un tal Jay Farrar tras descubrir que también era fan de los Pistols. Empezaron a ir a conciertos (Stray Cats, The Replacements) y acabaron tocando juntos en los garajeros The Plebes, después conocidos como The Primatives. Así es, The Primatives, que no The Primitives, debido a un error de impresión en sus tarjetas de presentación sobre el que tuvieron miedo a reclamar. Pasaron luego a llamarse Uncle Tupelo. Y el resto, como suele decirse, es historia.

De Uncle Tupelo a Wilco

El primer disco del grupo, 'No depression', fue influyente hasta el punto de disparar un movimiento (el country alternativo) y dar nombre a una revista musical. Publicaron otros tres, el último para una multinacional, pero la lucha de egos entre Farrar y Tweedy hizo inviable cualquier progresión adicional. Su lucha siguió incluso después del fin del grupo: Farrar desde Son Volt y Tweedy desde Wilco, proyecto con aires de pop clásico e indie rock, buscaban el modo de dejar en ridículo al rival.

Tweedy ganó una ronda de calle con la publicación de 'Being there' en 1996. Fue su primer disco con otro Jay, Jay Bennett, fichado como guitarrista pero convertido en minucioso arquitecto sonoro de la banda. Como ya retrató de forma intensa el documental 'I am trying to break your heart', Jeff tampoco supo llevarse bien con este Jay, y lo despidió nada más acabar de grabarse el fundamental 'Yankee hotel foxtrot'.

"Despedi a Bennett de Wilco porque sabia que si no lo hacia, probablemente moriria", escribe Tweedy, adicto a los calmantes que usaba para migrañas y ansiedad. Unas líneas antes, explica: "Se consumian demasiados medicamentos con receta en el Loft el estudio de Chicago que ha sido su segunda casa desde el 2000. No por mi parte, al menos no en ese momento en particular. Sabia que no tenia las herramientas que necesitaba para estar cerca de ellas y resistirme, asi que deje de ir al Loft cuando Jay estaba alli, y el siempre estaba alli". Bennett falleció de una sobredosis de Fentanyl en el 2009, con solo 45 años.

Estas memorias son, en gran parte, sobre problemas de adicción que Tweedy superó ingresando en una clínica de diagnóstico dual. Y es también, finalmente, o quizá sobre todo, una oda a la familia que siempre estuvo a su lado. Tras acabar el libro, Tweedy ha grabado discos directos y personales (el díptico 'Warm'/'Warmer') o dedicados a la felicidad ('Ode to joy', último de Wilco).

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