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Tras el vuelo del buitre

La sombra de las aves carroñeras en Castilla y León la desprenden las más de 4.000 parejas de buitres leonados, buitres negros y alimoches conviven en el territorio autonómico; un número que crece gracias a trabajos de recuperación de aves como el ‘Programa Monachus’ que trabaja para recuperar en la Sierra de la Demanda al buitre negro, especie que se desapareció de la zona a mediados del siglo XX

GUILLERMO SANZ / VALLADOLID
01/09/2018

 

La sombra que desprende el buitre es alargada. La cultura popular han colocado en las espaldas de este ave una mochila muchas veces cargada de prejuicios. Sin embargo, no siempre fue así. En la Roma de Rómulo su vuelo era sinónimo de buen augurio y la civilización egipcia mostraba su respeto a un animal cuya misión, pocas veces agradecida, le convierte en un centinela que cuida los ecosistemas. Tanto, que su extinción podría suponer un colapso ecológico.

Los buitres son los antihéroes del mundo animal. Su presencia en la naturaleza evita, entre otras cosas, la propagación de enfermedades entre otros animales; una misión necesaria pocas veces aplaudida. Hubo una época en la que su aleteo fue cada vez es menos sonoro en Castilla y León, donde actualmente viven más de 4.000 parejas de buitres repartidas por todo el territorio autonómico. Venenos, intoxicaciones, disparos, electrocución o la pérdida de sus hábitats redujeron notablemente la población de estas aves en la comunidad; unos datos que obligaron a trabajar para volver a dibujar un paisaje en el que el buitre vuele sobre el cielo de Castilla y León, donde se lucha para evitar la desaparición de una especie que hoy celebra el Día Internacional de los Buitres.

El alimoche, el buitre leonado y el buitre negro configuran el trío mayoritario de razas habitantes en Castilla y León, una terna de la que se cayó el quebrantahuesos. Resuena un canto a la esperanza en los Picos de Europa y en Gredos, donde, gracias a las labores de repoblación, su imponente figura ha vuelto a sobrevolar el cielo más de medio siglo después de que un cazador abatiera al último ejemplar de la zona en 1956.

La realidad amenaza el futuro de todas las especies que tienen en Castilla y León su hábitat natural. El nombre del buitre leonado está incluido en el Listado de Especies en Régimen de Protección Especial, mientras que buitre negro y el alimoche aparecen en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas con la etiqueta de vulnerable.

La especie que vive una situación menos tensa es el buitre leonado. Según los últimos censos oficiales (que datan de 2008) este ave ha hecho de Castilla y León un hogar en el que viven 3.237 parejas, según los datos facilitados por Patrimonio Natural. Los parques naturales de Las Hoces del río Duratón y Las Hoces del río Riaza se han convertido en espacios perfectos para la observación de este animal, convirtiéndose la región del Duratón en una la mayor concentraciones de leonado en España. Los agentes medioambientales de la Junta han comenzado este año a actualizar los datos del censo en estas dos localizaciones. Los últimos datos de la colonia instalada en las Hoces del Riaza confirmaban una población de 633 parejas, de las cuales 567 se criaron en el espacio protegido, mientras que el buitre leonado está presente en las Hoces del Duratón con 729 parejas. Además de en Segovia, el buitre leonado cuenta con una fuerte presencia en la provincia de Soria, donde el Cañón del Río Lobos se convierte en el auspicio de 253 parejas.

El leonado reparte su presencia en cuatro grandes focos de nidificación: la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica, las estribaciones del Sistema Ibérico, la vertiente norte del Sistema Central y el río Duero y Norte de las Hurdes.

Menos habitual es ver el vuelo del alimoche en el territorio autonómico. Un número de parejas de alimoche que oscila entre los 380 y los 420 reparte su presencia por toda la geografía castellano y leonesa, siendo la llanura de la meseta la única zona en la que no se escucha el aleteo de este ave rapaz. Una gran proporción de la población se distribuye al sur de la Cordillera Cantábrica y ocupa casi toda la parte norte de la Comunidad y de la meseta. Este núcleo se extiende hacia el sur en el extremo este de la Comunidad y conecta con el Sistema Ibérico y por la ladera norte de la sierra de Guadarrama.

Burgos es, según los datos recopilados por SEO, la región que alberga un mayor número de alimoches (96 parejas seguras y 16 probables). La Peña de Amaya, el páramo del Lora, las hoces de los ríos Ebro y Rudón, el páramo de Masa, Las Merindades y La Bureba conforman las localizaciones que aglutinan el mayor número de colonias de alimoches en Burgos.

Salamanca se convierte en el segundo punto con mayor número de parejas de alimoches, con 80 seguras y tres probables. Los cañones fluviales del parque natural de Arribes del Duero en la zona noroccidental de la provincia se han convertido en el hogar de la mayor parte de los alimoches que habitan en la región salmantina (casi el 90%), donde el Valle del río Alagón representa el segundo foco poblacional más importante.

La tercera especie de buitre que habita en Castilla y León es la del buitre negro, del que se estima que existen cerca de 400 parejas repartidas especialmente por la parte más meridional de la comunidad, en las vertientes del Sistema Central. Los Arribes del Duero, la región limítrofe con la Sierra de Gredos, la vertiente del Guadarrama en Segovia o las inmediaciones del Alagón en Salamanca son algunos de los puntos en los que se han instalado estas colonias de buitre negro.

RECUPERACIÓN
Burgos es uno de los puntos en los que la naturaleza y el hombre se alían para hacer su magia. La varita de la recuperación está en la mano de organizaciones GREFA (Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat), que lucha por la recuperación del buitre negro en la Sierra de la Demanda de Burgos, donde este ave voló el terreno de la extinción a mediados del siglo XX.

Bajo el nombre de Proyecto Monachus, la asociación comenzó en 2016 a trabajar, en un marco de trabajo de diez años, «en un proyecto de reintroducción de la especie a nivel de Castilla y León», como explica la coordinadora del proyecto, Lorena Juste. En octubre de 2017 tuvo lugar la primera liberación de este ave en su nuevo hábitat... y los resultados no han podido ser más esperanzadores. De los 15 ejemplares (ocho machos y siete hembras) ocho se han quedado en la zona, formando cuatro parejas. Con esta pequeña gran victoria ya en el historial del proyecto, ahora hay que esperar a que la naturaleza siga su curso. El periodo de reproducción del buitre dura todo el año. Empieza con el celo otoñal y las primeras cópulas llegan a partir de diciembre. La incubación del buitre dura 55 días y los pollos tardan más de 100 días en volar. Unos plazos que hacen esperar que un año después comience el proceso reproductor.

La primera semana de octubre el Proyecto Monachus quemará una nueva etapa en su camino con la liberación de 15 ejemplares en la Sierra de la Demanda. Hoy, las aves serán marcadas con emisores GPS/GSM en el término de Huerta de Arriba, como paso previo a su liberación en la Sierra de la Demanda.

NUEVO HOGAR
Los buitres negros llegan hasta Huerta de Arriba desde centros de recuperación de diferentes comunidades que, generalmente, no tienen población de buitres pero que llegan dispersados. En esta ocasión GREFA (el centro que más cría de Europa) ha logrado criar tres pollos. Dos de ellos han sido mandados a Pirineos y el tercero entrará en esta segunda fase de liberación.

El proceso de puesta en libertad no es un parpadeo. Primero se procede al control sanitario y al sexado. Después los buitres pasan un año de aclimatación para que relacionen el entorno con su hábitat. Por último se procede a una liberación no forzada. Las puertas de las jaulas se abren para que los animales decidan cuándo están preparados para volar, literalmente, libres. Para ello se utilizan, como explica Lorena Juste, reclamos vivos: dos ejemplares de buitre negro que no pueden volar al ser heridos por disparos. Además se llevan a cabo otras medidas de aclimatación como la fabricación de nidos artificiales: «Es una falsa colonia que hace de efecto fijador. Además se crea un punto de alimentación (para rebajar la competencia con los buitres leonados) con piezas pequeñas y dispersas», explica. Cuando ya se encuentran en su entorno natural forman sus propias colonias.

EQUILIBRIO NATURAL
Los buitres ayudan a que la cadena alimentaria mantenga su curso. «Eliminan focos de enfermedades y es por eso que siempre han sido aliados de los ganaderos», explica Lorena Juste. Sin embargo, su morfología de ave carroñera sufrió un pequeño cambio a finales de los 90. La crisis de las vacas locas llevó a prohibir el abandono de ganado muerto, alimento de estas aves, en el campo.

Esto, además de convertirse en un trastorno para los ganaderos generó una hambruna entre los buitres y un declive poblacional, lo que provocó un cambio en su conducta que podía llevar a la muerte de animales no atendidos (como por ejemplo una vaca después de dar a luz), «pero no con un instinto depredador», subraya. Esto generó mala fama entre los buitres. La dinámica cambió y en Castilla y León la ley vuelve a permitir desde 2013 el abandono de animales muertos en el campo, siempre previo permiso.

 

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