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VESTAS EL NEGOCIO DE LA MULTINACIONAL

Vestas, el gigante eólico sin rostro

Black Rock, el mayor fondo de inversión del mundo, propiedad del multimillonario Larry Fink, controla la matriz danesa Vestas Wind System, que factura 10.000 millones al año y ocupa a 24.300 trabajadores. La compañía que quiere cerrar la planta de Villadangos (León) reconoce que en 2016 tuvo un «resultado espectacular». La Agencia Tributaria le reclama 24,5 millones en un conflicto que ya dirimen los dos países

J. LUIS F. DEL CORRAL / VALLADOLID
02/09/2018

 

Factura casi 10.000 millones de euros al año. Ocupa a 24.300 trabajadores en el mundo. Tiene más de 25 fábricas de aerogeneradores eólicos en el planeta. Controla el 17% del mercado internacional y ha ganado 286 millones de euros solo en el primer semestre del año. En 2016, registró un ebitda (resultados brutos) de 1.421 millones de euros. Se trata de Vestas Wind System, la matriz de la compañía danesa que ha decidido cerrar la planta de aerogeneradores eólicos en Villadangos del Páramo (León), dejando en la calle a 500 trabajadores directos.

Vestas llegó a España hace 30 años y está operativa en León desde 2006. La sociedad mercantil con la que opera en España es Vestas Eólica. Su mayor centro de producción en la Península está en Daimiel, donde cuenta con 900 trabajadores. La ‘tercera’ pata productiva es la fábrica de Viveiro (Lugo), cuyos trabajadores se han sentido también amenazados por el cierre, desmentido por la compañía.

El grupo danés que fundara en 1945 Peder Hansen, hijo de un fabricante de ventanas de acero que creó VEstjysk STaalteknik A/S (que abreviada es Vestas), no tiene hoy un rostro definido. El mayor fondo de inversión del mundo, Black Rock, controla una sociedad con 150.000 accionistas anónimos. Ni siquiera el presidente Herrera y la ministra Maroto han podido personalizar con el nombre del presidente de Vestas la carta remitida a quien fuera «presidente del consejo de administración».

Es de suponer que el presidente de la Junta de Castilla y León y la ministra de Industria no han querido entrevistarse con Larry Fink, uno de los multimillonarios más poderosos de EEUU que gestiona más de cinco billones en activos y que ha llegado a ser accionista principal del Santander y Telefónica (entre otros), y que en solo el primer semestre del año ha ganado 354 millones de euros por sus participaciones en compañías del Ibex cifradas en 186.000 millones de euros.

Se dice de Fink que «pocas veces hace apariciones públicas, no suele participar en eventos privados a los que van millonarios y políticos» y que «prefiere mantenerse como un poder fáctico que se mueve en las sombras».

La multinacional que dejará en la calle a 500 personas en su fábrica de León está en manos de un capital que oculta la identidad de sus primeros espadas todo lo que puede. Sin embargo, la filial española sí tiene cara. Lo mismo que sus cuentas. Eduardo Medina Sánchez y Henrik Norgaard Brandt son los administradores mancomunados, bajo cuyas firmas Vestas Eólica reconoce que el resultado del último ejercicio del grupo sobre el que hay cuentas públicas (2016) «fue espectacular en comparación con el de 2015».

El reciente fichaje de Medina , a principios de año, fue bendecido por el sector que reconoció en él a un veterano del sector eólico que ocupó cargos en el conglomerado estadounidense GE Energy, siendo el director de Ventas del área eólica; en Enron Wind, el fabricante estadounidense de turbinas eólicas, como director comercial, y en Acciona Energy,

Antes de su llegada, la filial española de la compañía danesa, propiedad del fondo norteamericano, ganó 2,8 millones de euros con una facturación de 337 millones de euros.

Vestas se constituyó en agosto de 1996 en España con la denominación de Micon Ibérica Wind Turbines. Fue en 2006 cuando adquirió la denominación de Vestas. El ejercicio anterior había sido muy fructífero para la multinacional que elevó un 52% sus ventas. Aquel ejercicio fue el de la consolidación en España y en Europa y el año que entra en China.

Siemensa-Gamesa es hoy el gran competidor de Vestas. Fueron socios, cuando la danesa controlaba el 40% de la española, pero en 2001 estalló el conflicto y Vestas le vendió su participación por 287 millones de euros.

La presencia de la multinacional en Castilla y León dejó huella en 2012, cuando el grupo danés cerró por sorpresa su fábrica de Ólvega (Soria) y dejó en la calle a casi un centenar de trabajadores.
Seis años después, y tras varios ejercicios de bonanza, la multinacional corta por lo sano sin abrir negociación alguna con los trabajadores e ignorando a las administraciones que le concedieron ayudas públicas.

El último informe de cuentas de la filial española, formuladas con fecha de 15 de enero de este año, es revelador del diagnóstico de la compañía y de su conflicto con la Agencia Tributaria. «El 2016 fue otro año casi en blanco para la eólica española: con solo 38 nuevos megavatios instalados se confirmaba una parálisis que se extiende ya durante tres», señala la compañía que advierte de que esta situación ha llevado a los fabricantes españoles a exportar el 100% de sus producción, «lo que aumenta la posibilidad de deslocalizaciones y, por lo tanto, de pérdida de empleo».

La compañía presume de ser considerada «globalmente como embajador para el conjunto del sector eólico». En España, acumula 4,1 GW instalados, el 17,9% del mercado nacional, «manteniéndose como segundo tecnólogo por cuota de mercado» después de Siemens-Gamesa.

Hasta ahí todo casi positivo. La Agencia Tributaria levantó en 2013 actas a Vespas Eólica por 24,5 millones de euros correspondientes al impuesto de sociedades de 2008 y 2009. La compañía las recurrió al Tribunal Económico Administrativo Central y éste rechazó los recursos.

«En la actualidad el grupo Vestas tiene recurridas ante los tribunales españoles, en concreto ante la Audiencia Nacional, diversas liquidaciones giradas por la Agencia Tributaria. Las citadas liquidaciones derivaron, exclusivamente, de la diferencia de criterio de la administración fiscal española sobre el reparto de la carga impositiva entre España y Dinamarca, al entender la administración española que parte del beneficio que tributó en Dinamarca tenía que haber tributado en España», precisan fuentes de la multinacional en España.

Se da la circunstancia de que «la administración fiscal danesa mantiene exactamente la posición contraria, sosteniendo la tributación en Dinamarca». Se ha producido, por tanto, «una situación de doble imposición para el grupo Vestas, pues los mismos resultados han tributado simultáneamente en España y en Dinamarca, situación contraria a los más elementales principios en materia de tributación y contraria al propio ordenamiento de la Unión Europea», en palabras de la compañía danesa.

Por esta razón, y en paralelo al recurso ante la Audiencia Nacional, «Vestas solicitó la iniciación de un procedimiento amistoso entre ambas administraciones tributarias, al amparo de la normativa europea», relativo a la «supresión de la doble imposición en caso de corrección de los beneficios de empresas asociadas».

Vestas asegura que «no ha dejado de cumplir con sus obligaciones fiscales en ningún momento» y está a la espera de que la Administración tributaria española y la Administración danesa «resuelvan esta situación en el marco del citado procedimiento amistoso».

Los auditores de PWC no ven las cuentas tan claras y han puesto un importante número de salvedades a las cuentas en su informe de 2016. Advierten de que no han provisionado los 24,5 millones en disputa con la Administración danesa. Sostienen, además, que al menos por segundo año consecutivo Vestas oculta la información sobre sueldos, dietas y remuneraciones de sus directivos y de los órganos de administración.

Más allá de la falta de rostro y en parte de transparencia de la multinacional, el pulso se avecina en los próximos días cuando la multinacional intente justificar un cierre sin paliativos en un contexto de ganancias millonarias.Alguiente tendrá que dar la cara ahora para avalar los 50 despidos.

 

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