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Razones y requisitos para dar a luz en casa

Matronas de Burgos, Valladolid y Salamanca atienden partos en domicilio para parejas que buscan «intimidad» o que rechazan una «injustificada»intervención médica ante un proceso «fisiológico» / Piden que esta asistencia en el hogar esté financiada por el sistema público

ESTHER NEILA / VALLADOLID
10/03/2019

 

Cada vez que salta a las noticias el caso de un parto en casa con fatal desenlace surgen las mismas preguntas. ¿Hay familias que planifican dar a luz en su domicilio? ¿Qué razones llevan a una embarazada a prescindir de la cobertura hospitalaria? ¿Entraña más riesgos para el bebé? ¿Y para la madre? ¿Cuáles son los requisitos?

«No todos los partos son susceptibles de ser atendidos en casa; eso es algo que tenemos muy claro todos los profesionales», anticipa la matrona salmantina Beatriz Artiles, que desde hace siete años atiende alumbramientos a domicilio. Un embarazo gemelar, un bebé que viene de nalgas, una diabetes mal controlada o cualquier otro factor de riesgo abocan necesariamente al paritorio. «Por seguridad», los profesionales sólo acompañan partos en casa cuando se trata de un alumbramiento «normal», es decir, el que se desencadena de manera natural entre la semana 37 y 42 de gestación, sin patologías previas ni parámetros alterados en las analíticas y ecografías.

En Castilla y León un puñado de matronas ofrece este servicio en Salamanca, Valladolid o Burgos. Lo hacen a título privado, porque a diferencia de otros países como Alemania, Holanda y Reino Unido aquí la asistencia en el domicilio no está cubierta por el sistema público. El precio por contratar esta asistencia personalizada puede oscilar entre los 1.500 y los 2.000 euros.

Hasta hace medio siglo, lo habitual en España era parir en casa. Con el éxodo de los pueblos a las ciudades a partir en los años 70 y ante el desarrollo de las maternidades en las grandes ciudades comenzó a ser cada vez más habitual dar a luz en los hospitales. El trasvase culminó en los 90, coincidiendo con la generalización de la epidural: a finales de esa década el Insalud ya financiaba para todas las mujeres el llamado ‘parto sin dolor’, que años antes habían comenzado ofreciendo las clínicas privadas.

Aunque no hay cifras precisas, parir hoy en casa es una opción muy minoritaria en España. En 2017, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, hubo 1.273 alumbramientos en el domicilio, pero los datos no desglosan cuántos de ellos fueron por voluntad de la familia y cuántos por causas sobrevenidas, como la imposibilidad de llegar a tiempo al hospital, por ejemplo. En todo caso, los datos revelan que, a lo sumo, los partos en casa representaron el 0,33% de todos los alumbramientos registrados en el país. Por autonomías, Cataluña registra el mayor porcentaje, un 0,7%, al concentrar 469 nacimientos en casa, un tercio de todos los contabilizados en domicilios españoles. En Castilla y León fueron 38 los bebés que vinieron al mundo en su propia casa el año pasado, el 0,25% del total.

En cuanto a los motivos, «cada pareja tiene los suyos», responde la matrona de Salamanca. El mosaico de razones diversas puede agruparse en dos grandes bloques. Muchas lo hacen buscando una privacidad que no encuentran en el paritorio. Otras, por mantener el control del proceso y evitar intervenciones que consideran prescindibles como la medicación, las incisiones «innecesarias» en el periné o la instrumentalización durante el expulsivo con un conjunto de prácticas que tildan de ‘violencia obstétrica’.

La propia Beatriz Artiles vivió la experiencia de parir en casa con el primero de sus dos hijos y cuenta que lo hizo por su convencimiento de que un nacimiento requiere de la máxima «intimidad». Ve razonable hacerlo en el hogar por la misma razón que «muchas personas deciden también morir en casa». «Parir es como hacer el amor;no es algo que haces en una habitación llena de luces, de tecnología, de bacterias extrañas y rodeada de gente», ejemplifica.

Cuando se elige esta alternativa, el acompañamiento de la matrona comienza semanas antes de salir de cuentas, con visitas preparatorias para conocer a la pareja y tejer una relación de confianza. El día decisivo, la atención incluye la fase de dilatación y el alumbramiento. Y las semanas posteriores, la recuperación durante el puerperio.

Estos días Beatriz anda de guardia pendiente de la llamada de dos mujeres. En estos años lleva atendidos 16 partos en casa, aunque matiza que «no tiene vocación empresarial». «No es algo que promocionemos; cuando surge un caso lo valoramos y, si podemos, lo atendemos», cuenta esta matrona, cuyo trabajo principal está en el hospital de Salamanca, en cuyos paritorios ejerce su labor de ordinario.

También en Salamanca reside Lara Wyllmott, que dio a luz a su segundo hijo en su vivienda asistida por una matrona. Tras un primer parto que no cumplió con sus expectativas en un hospital madrileño, al quedarse embarazada de nuevo tuvo claro que esta vez optaría por su hogar. «El parto es de la madre, no del sanitario que te atiende. Y en un hospital ellos eligen cómo vas a parir», apunta. En concreto, rechaza prácticas como la maniobra Kristeller, que consiste en «apretar la barriga como si fueras una pasta de dientes» para acelerar el expulsivo. Asevera que se realiza de forma «muy frecuente» en todos los hospitales pese a que en la mayoría de los casos está «injustificada» y puede acarrear consecuencias para el bebé o la madre. «Aunque se me respetó bastante en el hospital, allí ves que la cosa tiene que avanzar y que hay presión porque detrás de ti viene otra embarazada a la que también tienen que atender», relata.

A raíz de aquella experiencia impulsó con otras personas la asociación ‘PARES, por un parto respetado’ cuyo objetivo es ayudar a las mujeres a enfrentarse a este «proceso fisiológico natural» y divulgar alternativas «contra la violencia invisible» que en ocasiones se ejerce sobre las madres. Organizan charlas, debates y sesiones de trabajo para «compartir experiencias» y desterrar del imaginario colectivo «la idea de que dar a luz es algo doloroso y violento», apunta. Pone como ejemplo las recomendaciones anestésicas. «‘¿Quieres sufrir mucho dolor o ponemos la epidural?’ Lo pintan fatal y no te dan otra opción», sostiene al lamentar que a algunas mujeres no se le ofrecen otras opciones de acompañamiento.

En Castilla y León, dos de cada tres mujeres paren con epidural. De los casi 14.000 partos registrados en los hospitales públicos en 2017, en 9.395 casos se aplicó este anestésico, según datos de Sacyl. Pero hay que tener en cuenta que no todos los alumbramientos son susceptibles de una epidural. Los datos oficiales indican que esta anestesia fue usada en el 98,99% de los casos donde tenía cabida.

Beatriz Artiles defiende el parto en casa como «una opción» y lo argumenta apoyándose en las «evidencias» médicas que constatan que los partos en el domicilio «son igual o más seguros» que los partos hospitalarios. Por eso, reivindica que la asistencia en el domicilio «esté cubierta por el sistema público», tal y como sucede en otros países europeos, ya que «muchas mujeres no pueden permitírselo».

En su opinión, lo importante es que la pareja tenga la «libertad de escoger» y que se respeten las decisiones de la paciente» con la información disponible. «Somos adultas, no enfermas y queremos ejercer lo que la ley nos reconoce, que es el derecho de autonomía», apostilla.

Su reclamación de incluirlo en la cartera de servicios no conlleva un menosprecio al trabajo hospitalario. Reconoce que el paritorio es una opción válida para quien así lo prefiera y la única alternativa para embarazos o partos de riesgo. Ella misma tuvo a su segundo hijo en el hospital tras una inducción en la semana 42 de embarazo. Las circunstancias así lo exigieron. «Estoy satisfecha porque uno y otro fueron dos partos muy distintos pero ambos fueron respetados», valora.

Junto a la formación continuada de los especialistas y la actualización de los equipamientos técnicos, Lara Wyllmott reclama la importancia de avanzar hacia una «mayor concienciación» por parte de todos los profesionales hacia la naturalización del parto. «No se trata sólo de poner bañeras en los paritorios si luego no se usan», sino «de entender que el parto es de la madre, no del sanitario», indica.

Cristina Álvarez, jefa de paritorio del Hospital Clínico de Valladolid, defiende el trabajo que se realiza en los hospitales. Sostiene que «la atención al parto actualmente es estupenda» porque todos los profesionales están «implicados» en tres fundamentos: que la mujer y su pareja son «los protagonistas», que «todo lo que se hace está basado en reconocimientos científicos» y que es el escenario de mayor «seguridad» para «solucionar cualquier problema que pudiera surgir». «Hoy por hoy es lo mejor», sostiene.

No juzga a ninguna familia. «Nadie tiene obligación de venir al hospital a parir y cada uno es libre de hacer lo que considere oportuno», dice. Pero introduce un matiz relevante: «siempre y cuando lo haga informado con las fuentes adecuadas». En este contexto, advierte que muchas mujeres quizá no sean conscientes de los riesgos que entraña traer un bebé al mundo, en especial ahora, con embarazadas cada vez más añosas o con gestaciones por técnicas de reproducción asistida, por ejemplo. «Los partos se pueden complicar; estamos acostumbrados a verlo», recuerda la ginecóloga.

Lo que rechaza de forma tajante es dar a luz en el domicilio si se trata de un embarazo de riesgo o cuando no hay un «profesional capacitado» para atenderlo. «Y una doula no lo es», recuerda. «Como mínimo», aconseja la presencia de una matrona. Y apunta también a la «capacidad de transporte» para llegar sin demora a un hospital si fuera necesario.

La opción que combina todas las ventajas –la humanización de un parto personalizado con la red de seguridad hospitalaria– es la llamada ‘casa de parto’, una estancia de ambiente cálido atendida por matronas pero físicamente situada dentro del complejo hospitalario. Este modelo, conocido como ‘birth center’ en el modelo anglosajón, es el paradigma de la filosofía del parto respetado, pero en España sólo existe un caso en el hospital valenciano de Manises. «Sería lo ideal», sostiene Beatriz Artiles.

 

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