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«No volverás viva del bosque»

Una empresaria leonesa denuncia el «abandono total» del Ministerio de Exteriores tras llevar «diez años amenazada de muerte en Mozambique», donde gestiona una concesión forestal de 60.000 hectáreas de bosque

ALICIA CALVO / VALLADOLID
08/02/2018

 

Sonaba su móvil y en la pantalla aparecía un recado que le dejaba claro que allí no la querían, que se marchara por su propia seguridad. «No volverás viva del bosque. Tu cuerpo ni siquiera llegará a España», recibió en una de varias ocasiones.

La empresaria leonesa Ana Alonso asegura que ostenta «el récord de denuncias interpuestas por corrupción forestal», medio centenar. También, que su firmeza frente a la extorsión, el furtivismo –«letal para los bosques»– y el mercado negro en un sector «opaco» como el de la madera desató una persecución que aún hoy pone en peligro su vida.

Esta emprendedora nacida en La Bañeza hace 64 años denuncia el «abandono total» del Ministerio de Exteriores tras llevar «diez años amenazada de muerte en Mozambique».

En ese país africano gestiona una concesión forestal de más de 60.000 hectáreas de bosque, después de llegar a la zona en una misión humanitaria con la ONU y decidir quedarse, en un pueblo llamado Beira, por una misión personal: conservar el bosque y procesar la madera de una manera «sostenible».
Sin embargo, la actividad de su negocio permanece paralizada desde hace dos años por lo que ella entiende como represalias por haber colaborado con los tribunales en un proceso de corrupción forestal y por no someterse ante la extorsión de grupos locales.

En ese punto, en el que decidió responder a la ayuda que le solicitaba la Fiscalía mozambiqueña, sitúa esta leonesa el inicio de unos años tensos y peligrosos.

Aquella investigación señaló a una funcionaria del departamento de Bosques que Ana Alonso afirma que desde entonces dificultó su desempeño. Algo que se agravó, indica, «con la llegada de la gobernadora de Sofala, Helena Taipo», encargada de conceder las licencias de explotación anuales que necesita para operar. «Desde que denuncié corrupción, esa mujer me persiguió sin descanso», sostiene Alonso, que relata una retahíla de trabas burocráticas extendidas en el tiempo".

Estas autorizaciones no llegan y los 150 empleados que dependían de su empresa –un centenar de ellos fijos y el resto eventuales– se han reducido a 25.

Ella decidió regresar a España, en una localización que prefiere no revelar, para tratar de que se resuelva su problema. En estos dos años ha dirigido su empresa «por Skipe», pero defiende que paga puntualmente a los trabajadores y, pese al inestable e incierto escenario actual, asegura que «nunca ha tenido una deuda, ni pedido un crédito» porque se ha mantenido por los beneficios anteriores, de exportar la madera a Roma para edificios históricos.

Cuando empezó la pesadilla, en 2005, se dieron dos situaciones excepcionales.
La primera, que trataron de extorsionarla y lo denunció. La segunda, que después de diez años de actividad conservó muchos más árboles que nadie en la zona y su terreno, sus más de 60.000 hectáreas, «se convirtieron en un bocado apetecible para especuladores». «Teníamos el mejor bosque de toda África austral, la mejor reserva, porque cortaba sólo el cupo mínimo para mantener la concesión porque con eso era suficiente para mantenernos con dignidad las 100 familias y conservar a la vez el bosque, replantando árboles. De los árboles depende el clima y el planeta», expone desde España con la vista puesta en regresar el próximo mes.

Allí, unos miembros de un comité local de la localidad le pidieron una ‘mordida’ para dejarle continuar con su trabajo. Lo denunció a la Policía.

Al poco, comenzó a recibir los mensajes amenazantes que atribuye «a grupos de especuladores, grupos locales con participación también de empresarios extranjeros». Contrató escolta y una noche recibió otro mensaje con el mismo tono amenazante que los anteriores: «Te estamos viendo entrar en casa, pero no pasas de esta noche».

Cuenta que hubo un embajador español en Mozambique, José Antonio Calvo Castaño, que le ayudó a resistir. Sin embargo, critica que el resto de personas que ostentaron ese cargo posteriormente le dejaron «desprotegida».

El último episodio violento del que da cuenta data de una madrugada de hace dos eneros. «Cuatro camiones y un tanque invaden nuestra industria a las seis de la mañana, maltratan a los trabajadores y gracias que no les pasa nada más», indica. «Soy el único inversor extranjero de Mozambique que ha sufrido una invasión militar del ejército del país».

Al trato que denuncia en tierras españolas y africanas añade un factor más, el género. «Como soy una mujer al frente de esta empresa soy una aventurera, si se tratara de un hombre sería un empresario emprendedor al que cuidar», critica. «Si fuera un hombre, no me estaría pasando esto».

Tras este alegato, comienza una aclaración. «Como en el mundo de la madera hay muchos criminales y el mercado negro es importante, pueden meternos a todos en el mismo saco, pero no. Mi objetivo era crear una empresa que fuera un modelo a escala mundial. Es ejemplar y lo más respetuosa posible con la naturaleza», subraya, para a renglón seguido poner el foco en su filosofía: «No soy colonialista, ni me he enriquecido por la madera. Mis compañeros pasan dificultades y yo, también».

Del departamento que dirige el ministro deAsuntos Exteriores y Cooperación, Alfonso Dastis, Ana Alonso espera que active los mecanismos necesarios para brindarle el apoyo «que garantice unas condiciones de seguridad» en su regreso el próximo mes.

Pero afirma que cuando llamó a la puerta de este administración se encontró indiferencia. «Me dijeron que acudiera a Protección Consular y, como si fuera una turista, me recomendaron que no volviera», comienza a enunciar, para mostrar su indignación: «Tengo mi casa, mis cosas desde hace 20 años, compañeros que dependen de mí y mi empresa allí. Por eso tengo que volver, incluso aunque tuviera que cerrar y regresar, tendría que ir a por todo. Es lo mínimo».

Alonso sostiene que el Gobierno «incumple la Ley 2/2014 de Acción y Servicio Exterior del Estado». «En el artículo 41.3 dice que le corresponde al Estado prestar asistencia y protección y facilitar el ejercicio de sus derechos a los españoles y empresas españolas en el exterior».

Alonso, también escritora y periodista, desea del Ministerio que concierte un encuentro con el embajador de Mozambique en España. «Querría manifestarle mi preocupación por mis derechos y por mi dignidad», agrega.

Busca, además, que su homólogo en el país africano le procure algún tipo de red para su regreso. «La falta de apoyo es absoluta. Las gestiones de nuestro embajador allí, Álvaro Alabart, no han dado ningún resultado porque no se ha implicado personalmente».

Esta leonesa prevé solicitar «amparo al presidente deMozambique» para exponerle su situación de inseguridad. También tiene esperanza en eurodiputadas portuguesas que «ya han trasladado la situación de inseguridad de inversores extranjeros en Mozambique a la jefa de la Diplomacia de la Unión Europea». «Voy a intentar que me reciban en Bruselas», advierte.

Entre protesta y denuncia intercala un sinfín de declaraciones de afecto hacia el entorno natural, hacia esos árboles que califica «de sangre» porque mantiene que «las guerras se financian con droga, diamantes y madera». «A veces los árboles lloran y no tienen piernas para largarse y nuestra vida depende de ellos. También el futuro de nuestros hijos».

Este periódico contacto ayer con el Ministerio de Asuntos Exteriores, pero al cierre de esta edición no obtuvo respuesta.

 

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