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La ronda de contactos acaba hoy sin visos de desbloqueo tras el rechazo del PSOE a la oferta de Cs

Rivera plantea sin éxito a Casado exigir a Sánchez que no haya indultos, abordar el 155 y otra política fiscal. El líder socialista rechaza negociar con el líder naranja e insiste en que la derecha facilite su investidura gratis

8:30 h. 17/09/2019 PILAR SANTOS / JUAN RUIZ SIERRA

Albert Rivera, en rueda de prensa.Albert Rivera, en rueda de prensa.

DAVID CASTRO

Cuando todos los focos alumbraban a la izquierda, la propuesta llegó por la derecha. A riesgo de echar por tierra su estrategia estos últimos meses, el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, planteó este lunes al mediodía al PP una abstención conjunta para facilitar la investidura de Pedro Sánchez a cambio de algunas condiciones. La idea tuvo poco recorrido y antes de la noche se había agotado. No obstante, tanto en la sede de los populares como en la Moncloa sacaron una lectura positiva: fuentes de ambas instituciones señalaron que Rivera, con este movimiento, admite de manera implícita su error al no haber intentado negociar un acuerdo programático con el PSOE (con quien suma mayoría absoluta) y también augura un entendimiento más fácil con Sánchez tras la más que probable repetición electoral.

Era la primera vez, desde el 28 de abril, que Rivera mencionaba la posibilidad de abstenerse y olvidaba su veto al líder del PSOE. Y eso que, en estos meses, tres políticos destacados de su partido, Toni Roldán, Francisco de la Torre y Javier Nart, han pedido un replanteamiento de esa estrategia y han dado un portazo al partido. Rivera justificó su movimiento de última hora diciendo que España está en una situación "límite", que necesita "una solución de Estado" y ofreció su abstención ligada, de manera indefectible, a la del PP. La propuesta que explicó a Pablo Casado incluían algunas condiciones que debía cumplir Sánchez: el compromiso de no indultar a los dirigentes encarcelados por el 1-O, la formación de una mesa para "planificar" el 155 en caso de que no se acate la sentencia del 'procés', una nueva política fiscal y la "recuperación" de Navarra, donde el PSOE gobierna con los nacionalistas de Geroa Bai y Podemos.

LA REUNIÓN

Rivera pidió una cita con Casado y este aceptó. Ambos se vieron en el Congreso en el despacho del presidente de los populares durante dos horas aunque no hubo foto. En un comunicado posterior, el PP subrayó las coincidencias con las "reclamaciones" de Cs aunque insistió en que "mantiene su posición". Esto es, votar 'no' en un hipotético intento de investidura de Sánchez. Horas antes, fuentes de la dirección del PP se afanaron en desmontar la estrategia de Rivera, recordando que sus diputados y los del PSOE (en total, 180) suman mayoría absoluta. Además, esas fuentes apuntaron que las condiciones planteadas por el político catalán ahora ya se las reclamó en persona el líder del PP al propio Sánchez en los encuentros que han mantenido estos meses, aunque nunca, eso sí, a cambio de la abstención. 

En cualquier caso, el jefe del Ejecutivo en funciones, el segundo destinatario de la oferta de Rivera, también cerró la puerta. Primero, un portavoz de la Moncloa señaló que las condiciones que pedía Rivera, en el fondo, no tenían ningún sentido, porque en Navarra ya "hay un gobierno que defiende la Constitución", en Cataluña el Ejecutivo central "vela" por la Carta Magna y los socialistas quieren "bajar los impuestos a la clase media". Fue una forma de decir que no aceptaban los requisitos de Cs, ni tampoco pensaban negociarlos. Después, el propio presidente incidió en la misma idea. Sánchez volvió a pedir la abstención "técnica" de naranjas y populares, porque no había "ningún obstáculo real" que impida este gesto. Y ya por último, al final de la tarde, un comunicado del PSOE ofreció los mismos argumentos de forma más extensa.

La iniciativa de Rivera encontró el desaire de la mayoría de partidos, que le ven "desesperado" ante la caída que señalan las encuestas ante una posible repetición electoral. Fue el adjetivo que mencionaron tanto Joan Baldoví, de Compromís, como Juantxo López de Uralde, de Equo, y Ana Oramas, de Coalición Canaria. 

AUDIENCIAS EN LA ZARZUELA

La ronda de audiencias del Rey con los portavoces parlamentarios sirvió, mientras tanto, para evidenciar que nadie ve probable el acuerdo. Ni en la izquierda, ni en la derecha. De Unión del Pueblo Navarro a IU, todos apuntaron a las elecciones, responsabilizando principalmente a Sánchez por su presunta falta de voluntad negociadora. Hay tiempo para el pacto hasta el martes por la tarde, cuando Felipe VI culminará las audiencias con los líderes políticos, pero a pesar de que los contactos informales entre el PSOE y Unidas Podemos se mantienen, con los primeros rechazando una coalición y los segundos insistiendo en esta fórmula, nada hace pensar en un movimiento capaz de desbloquear el escenario.    

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