Diario de Valladolid

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Dardos radiactivos contra los tumores

El servicio de Medicina Nuclear del Clínico consolida un radiofármaco como «respuesta avanzada» para cánceres intratables

12:02 h. 25/06/2019 E. LERA

Dardos radiactivos contra los tumores

PHOTOGENIC / PABLO REQUEJO

Los accidentes de Chernóbil y Fukushima marcaron un antes y un después. La radiación fue el apellido indeseable que acompañó el proceso. El plan era impedir que la energía nuclear se propagara al mundo entero. Muchos fueron a su rescate. Entraron en el campo de batalla, a pecho descubierto, sin saber el riesgo que corrían. Bastantes murieron a consecuencia de las enfermedades relacionadas con la radiación. La vida se fundió a negro, y la impotencia se apoderó de los ánimos. En la actualidad lo ocurrido amaga el llanto desconsolado pero al final sólo moja los ojos. Los supervivientes lidian a diario con los recuerdos y el horror sin olvidar su debilitada salud.

Y es que los niveles de radiación dejaron un reguero importante de dolencias como cáncer de tiroides, cataratas, leucemia, depresión... Diferentes patologías que se adquirieron en lugares en los que se estima que deberán pasar varios siglos antes de que puedan volver a ser habitables. En cada rincón reina el silencio y fauna y vegetación abandonadas a su suerte. Una cara complicada con un culpable que se ha colado en la medicina para salvar vidas.

La radiación no sólo mata a los buenos también destruye a los malos. En concreto, a los tumores malignos de hígado, lesiones en las que las células de este órgano crecen de manera descontrolada por diferentes causas. El hepatocarcinoma es el tumor primario más frecuente y la quinta causa de muerte por cáncer en el mundo. El servicio de Medicina Nuclear del Hospital Clínico Universitario de Valladolid ha conseguido consolidar el uso del radiofármaco Ytrio-90 como «una respuesta avanzada» en el tratamiento de esta enfermedad que por diferentes causas no tiene indicación quirúrgica ni quimioterápica.

¿En qué consiste esta técnica? Se inyectan diminutas esferas radiactivas en la arteria que lleva la sangre al tumor del hígado que se pretende tratar. Éstas se alojan en las zonas afectadas y, gracias a la radiación beta que emiten, destruyen a las células tumorales. «El Ytrio-90 es un isótopo radiactivo emisor de la radiación beta pura de alta energía. Se caracteriza por tener una vida media de 2,67 días y una corta penetración en los tejidos –2,5 milímetros–, lo que permite una acción directa en el tumor preservando los tejidos sanos adyacentes», concreta Ricardo Ruano, jefe de servicio de Medicina Nuclear.

El procedimiento, que se realiza de forma conjunta con los radiólogos intervencionistas, se basa en introducir un catéter a través de la arteria femoral hasta llegar a la arteria hepática común y sus ramas. Una vez seleccionada la arteria hepática que da sangre al tumor, se liberan las microesferas de Ytrio-90 mediante «un innovador sistema de administración» que ofrece la posibilidad de llevarlo a cabo con «total seguridad». Las microesferas se alojan en las áreas tumorales, y liberan radiación de corto alcance que destruye de manera selectiva.

Empezaron con este tratamiento en 2016. Al principio estaba indicado para pacientes con cánceres hepáticos irresecables, tanto primarios como metastásicos, en lesiones únicas no tratables con radiofrecuencia debido a su localización compleja, en pacientes no candidatos a quimioembolización –una técnica a través de la cual se administra por vía intravascular un fármaco de quimioterapia–, así como en neoadyuvancia antes de un trasplante hepático. Sin embargo, la médica nuclear Claudia Gamazo apunta que por «su buena tolerancia y sus buenos resultados» se puede aplicar como tratamiento con intención curativa en estadios más precoces.

En este sentido, comenta que al ser un procedimiento con emisión de radiación está contraindicado en embarazadas y mujeres lactantes. De forma relativa, puntualiza Ruano, no estaría indicado en pacientes con una elevada carga tumoral intrahepática y extrahepática, con insuficiencia renal crónica severa o aguda, con enfermedad pulmonar crónica severa o aguda, entre otras. Eso sí, recalca, siempre individualizando la situación de cada enfermo.

Desde su inclusión en la cartera de servicios de este centro sanitario se ha evaluado a 31 personas y hasta el momento se ha tratado a 23 –20 hombres y tres mujeres–. Las indicaciones han sido diversas, por lo que algunos pacientes han recibido varias dosis. No es un procedimiento único de Valladolid, también se lleva a cabo, aunque con menor número de casos, en el Complejo Asistencial de Salamanca y en el Hospital Universitario de Burgos. En España los más experimentados en este tratamiento son el Gregorio Marañón de Madrid y La Fe de Valencia.

Respecto a las ventajas, Gamazo asegura que es un procedimiento «poco invasivo» en el que se respeta el hígado sano. Por lo general, agrega, se tolera muy bien, «con mínimos efectos secundarios leves» como náuseas, vómitos, molestias abdominales, fiebre o astenia. «Las complicaciones más importantes del tratamiento son las derivadas de la irradiación de órganos no diana, como la neumonitis por radiación, complicaciones gastrointestinales o toxicidad hepática, en su mayoría evitables con una exhaustiva valoración previa y una buena selección de los pacientes», resume el jefe de servicio de Medicina Nuclear del Clínico.

A estos valores añadidos hay que sumar una corta estancia hospitalaria frente a otros tratamientos. Y es que con esta técnica los enfermos se van de alta al día siguiente. Además, sostiene que es posible el control local de la patología hepática mejorando la calidad de vida de los pacientes, aumentado el tiempo libre de progresión e incrementando la supervivencia. Es verdad, reconoce, que, por suerte, el número de personas con tumores hepáticos no subsidiarios a tratamiento con intención curativa es cada vez menor. De todas formas, la doctora Claudia Gamazo celebra que la irradiación selectiva con Ytrio-90 consiga que enfermos que no tenían indicación quirúrgica curativa de entrada reduzcan el tamaño del tumor y puedan ser operados en un segundo momento.

El primer paso para su aplicación es estudiar la indicación de este tratamiento de una forma personalizada para cada paciente. El Hospital Clínico Universitario de Valladolid cuenta con un equipo multidisciplinar «muy potente» compuesto por cirujanos, hepatólogos, oncólogos, radiofísicos, radiólogos intervencionistas y médicos nucleares, que evalúan a los candidatos a este procedimiento. Tras una adecuada valoración clínica, y antes de administrar las microesferas, hay que realizar una planificación muy precisa con técnicas de imagen para poder garantizar «un tratamiento seguro y eficaz».

Para ello, el paciente se somete a una radiografía de los vasos sanguíneos hepática para analizar la anatomía vascular del hígado y de la lesión a tratar. «En la arteria que nutre la lesión se administra una partícula marcada con un isótopo de baja energía que permite adquirir imágenes y de esta manera se simula la distribución que seguirán las esferas marcadas con Ytrio-90 el día del tratamiento», detalla para, más tarde, añadir que este tipo de lesiones hepáticas pueden presentar «una vascularización muy compleja» con la aparición de ramas arteriales colaterales que, desde las arterias hepáticas, pueda hacer llegar microesferas al tracto gastrointestinal o a otros órganos fuera del hígado. De ahí, incide Ricardo Ruano, la importancia de hacer «un estudio meticuloso», ya que la llegada de microesferas a estos órganos podría ocasiones daño por radiación en el tejido.

Este procedimiento incorpora «un método de administración sofisticado y seguro» tanto para los profesionales como para los pacientes. Además, la médica Gamazo expone que se ha incorporado un nuevo software que posibilita «una adecuada caracterización de la dosimetría» y, por tanto, de la cantidad de radiación que recibe el tumor preservando el tejido sano.

Tras formarse con los mejores en Alemania y Valencia para incorporar la técnica a la cartera de servicios del centro, los planes de futuro del servicio de Medicina Nuclear del Clínico de Valladolid pasan por iniciar el tratamiento de tumores neuroendocrinos con 177 Lutecio, además de seguir realizando la gran variedad de exploraciones gammagráficas diagnósticas y tratamientos para el hipertiroidismo y el cáncer diferenciado de tiroides con iodo 131. También tratan metástasis óseas sintomáticas en pacientes con carcinoma de próstata resistente a la castración con radio 223 y realizan tratamientos articulares con Ytrio-90 y con 186-Renio.

RICARDO RUANO / JEFE DE SERVICIO DE MEDICINA NUCLEAR DEL CLÍNICO: «Es necesario potenciar la incorporación de los jóvenes con estrategias de integración»

Ricardo Ruano, jefe de servicio de Medicina Nuclear del Hospital Clínico Universitario de Valladolid, afirma que en Castilla y León se ha hecho «un esfuerzo» por apoyar a grupos de investigación mediante diferentes proyectos promovidos desde Sacyl. Además, comenta que se ha incorporado como objetivo la innovación en la estrategia global del servicio público de salud, si bien valora que antes de nada es necesario renovar e incorporar tecnologías de eficiencia probada como el PET-TAC o el PET-Resonancia para que la Comunidad se sitúe al nivel de otras regiones. «Creemos en el potencial de Castilla y León para que se apueste por la innovación en sanidad».

En su opinión, los jóvenes son «el futuro», por lo que desde las administraciones se debe potenciar «su incorporación al mercado laboral» a través de «estrategias de integración». «En sanidad la formación pregrado y de médicos residentes debería tener continuidad con una oferta de empleo que garantice la renovación del personal manteniendo y atrayendo el talento que, en definitiva, permita el crecimiento de la Comunidad», sostiene.

Ricardo Ruano considera que la medicina nuclear ha vivido «un desarrollo espectacular» en los últimos años gracias a la innovación tecnológica, con la aparición de los nuevos radiofármacos y de nuevos equipos híbridos como el PET-TC (tomografía de emisión de positrones unida a una tomografía computarizada) para el estudio del metabolismo. A su juicio, es la tecnología más avanzada en el diagnóstico por imagen que existe en la actualidad. A esto se une, señala Ruano, que juega «un papel decisivo» en enfermedades oncológicas, cardiovasculares y neurodegenerativas, sin embargo, Valladolid todavía no dispone de un equipo de estas características. En la Comunidad sólo el Complejo Asistencial de Salamanca cuenta con un PET-TC.

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