Los chicos toman el tapiz

Samuel Sanz y Samuel Pino son los primeros vallisoletanos que practican gimnasia rítmica masculina en los Juegos Escolares / Un deporte que lucha por romper estereotipos y lograr que más hombres se atrevan a dar el paso

Samuel Sanz y Samuel Pino posan en el tapiz del polideportivo Pajarillos con un aro.
MIGUEL ÁNGEL SANTOS

J.I.FERNÁNDEZ / VALLADOLID

Hasta 2009 la Real Federación Española de Gimnasia (RFEG) no permitía que los hombres practicaran gimnasia rítmica. Un deporte siempre asociado a las mujeres y que en España, en 2017, solo contaba con 85 licencias de varones por las más de 6.000 femeninas. Por costumbre los deportes artísticos siempre han estado ligados a la actuación femenina, y hay mucha reticencia a que los hombres entren a formar parte. Sin embargo, ya es el momento de que los chicos tomen el tapiz y en Valladolid tenemos el ejemplo con Samuel Pino y Samuel Sanz, que con ocho y nueve años, respectivamente, ya saben que la gimnasia rítmica es su deporte favorito.

Los son dos se han convertido en pioneros de este deporte en Valladolid. Samuel Pino estudia Segundo de Primaria en el colegio La Inmaculada y desde que vio a unas amigas hacer gimnasia rítmica supo que quería hacerlo. «Me gusta mucho hacer volteretas», apunta. Su madre reconoce que al principio fue reticente a que se inscribiera en la gimnasia rítmica. Todo lo contrario que su padre, que seguidor de los deportes plásticos, no dudó en que su hijo probara. Y eso que anteriormente había jugado al fútbol en el Betis de la Finca Canterac.

Por su parte, Samuel Sanz, estudiante del colegio Nuestra Señora del Villar en Laguna de Duero, quedó fascinado cuando en su centro escolar vio una actuación de fin de curso. «El próximo año yo quiero hacer gimnasia», le dijo a su madre, que rápidamente se puso a buscar un equipo para poder cumplir su sueño. El joven gimnasta reconoce que gracias a la gimnasia ha mejorado su flexibilidad, y destaca como uno de los ejercicios más complicados: la paloma, una especie de pino puente. «No hay quien le quite de esto, solo le gusta este deporte», apunta su madre. Ambos tienen como referente a un gran luchador dentro de esta disciplina, Rubén Orihuela, campeón de España de gimnasia rítmica en modalidad masculina en nueve ocasiones (hace unos años lo hizo en Valladolid).

Ambos ya han debutado en la competición de los Juegos Escolares de la Fundación Municipal de Deportes donde fueron la gran atracción. Incluso Samuel Sanz se llevó medalla. El entrenamiento y, sobre todo, el empeño pueden hacer que un chico tenga flexibilidad y el resto de características necesarias para los ejercicios de un deporte tan bonito como la gimnasia rítmica. Los padres de los dos ‘Samueles’ esperan que al conocerse el caso de sus hijos «se rompan tópicos» y sean más niños los que se animen a ponerse las mallas y subir al tapiz para realizar ejercicios con aros, mazas o cinta.

Lamentablemente no hay categoría masculina ni en Europeos ni en Mundiales, menos aún en los Juegos Olímpicos, por lo que los gimnastas masculino no pueden plantearse esta meta para el futuro, tienen que conformarse con las competiciones nacionales. Y en otros países la cosa está peor. Hay gimnastas de Francia o de México que vienen a competir a España porque en sus países la modalidad masculina no está regulada.

El problema que impide hasta el momento dar el paso es que es un deporte que siempre fue femenino, pero se ha demostrado que los hombres pueden practicarlo sin perder su carácter, y en ocasiones con mejor técnica de manejos y belleza. Es el momento de romper tópicos y estereotipos para abrir las puertas de la gimnasia a los vallisoletanos.

Lo bonito de esta historia es ver cómo jóvenes deportistas derrumban estereotipos. Ser hombre o mujer resulta todavía la excusa perfecta para catalogar los gustos y las actividades de las personas. Unos clichés que tienen que desaparecer del deporte y de la sociedad.