Escuela rural sin libros ni suspensos

Villavaquerín es el primer pueblo de Valladolid que abre un centro unitario autorizado por la Consejería de Educación para impartir Infantil y Primaria con un método educativo alternativo/ Con la apertura de la escuela Savia, la localidad recupera unas instalaciones cerradas hace 17 años

Francisco Gómez, profesor de Savia, repasa con sus alumnos el guión de una película.
J. M. LOSTAU

MAR PELÁEZ VALLADOLID

Sin libros de texto, sin asignaturas, sin pupitres, sin deberes... y sin exámenes. No existen las notas. Imposible sacar un diez. Tampoco un cero. Los alumnos son los «protagonistas reales» de su formación. Son ellos quienes «construyen su aprendizaje», cada uno a su ritmo, a través de proyectos interdisciplinares, conectados con la realidad y manipulativos –tocan, ven, interaccionan, experimentan, investigan– y son ellos quienes se marcan sus metas y autoevalúan sus progresos.

Los profesores no dan su clase magistral; les guían en ese proceso de aprendizaje «activo e individualizado» y tratan de despertar en el estudiante su talento y sus capacidades. Las familias, como tercer vértice en la educación, tienen voz y una cuota relevante de participación.
Es la educación alternativa y ha llegado ya, con todas las homologaciones exigidas, a la provincia de Valladolid.

Villavaquerín, una localidad de apenas 167 vecinos censados, a menos de 28 kilómetros de la capital, se ha convertido en el primer pueblo de la provincia en abrir una escuela rural, unitaria (con niños de diferentes edades juntos) y autorizada por la Consejería de Educación para impartir Infantil y Primaria con una pedagogía alternativa a la tradicional que sigue «el modelo finlandés».

Savia, por aquello de que «bebe de muchas doctrinas pedagógicas», es el nombre del primer centro de la provincia y el segundo de la Comunidad, después de que una iniciativa muy similar, también privada, arraigara en la localidad salmantina de Gomecello, hace en 2017 por el empeño de un pequeño grupo de familias.

«No ha sido un camino fácil hasta lograr la homologación de la Consejería», explica Henar Alonso-Pimentel, presidenta de la AsociaciónFamilia Savia, que crearon doce familias con el objetivo de que «sobreviviera» el proyecto educativo que llevaba tres cursos en marcha en Villanueva de Duero pero sin homologación.

La búsqueda de instalaciones que reunieran los requisitos marcados por Educación para abrir un centro incompleto resultó «intensiva». Debía ubicarse, como explica la Consejería, en una población que «no superara los 1.700 habitantes, donde no existiera otro centro público o privado subvencionado con plazas vacantes, donde existiera demanda escolar actual y se escolarizara a alumnos de la misma población».
Pero también que cumpliera unas condiciones en metros cuadrados, que tuviera dos aulas (una para Infantil y otra para Primaria), un aula polivalente, acceso a un gimnasio y un patio. «Hay muchas escuelas vacías en los pueblos de Valladolid, pero o no cumplían requisitos o tenían otro uso», explica.

Tras «inspeccionar el entorno de la capital» y llamar a varias puertas, la asociación encontró en la antigua escuela de Villavaquerín, cerrada desde hacía 17 años, y en su alcalde, Diego Recio, su ‘salvación’. «Si no hubiese sido por él, el proyecto sería inviable», agradece Alonso-Pimentel.

Tal ha sido la implicación del alcalde en el proyecto que el Ayuntamiento no solo ha cedido el uso de la antigua escuela, al menos durante dos años, sino que ha corrido con el gasto de 24.000 euros para restaurar las instalaciones: eliminar barreras arquitectónicas, cambiar la instalación eléctrica y las barandillas, hacer dos baños nuevos, ensanchar las puertas... Y, en esos trabajos, las familias también se volcaron, pintando, decorando las aulas y siguiendo al minuto el discurrir de las obras.

El alcalde entendió que el modelo educativo alternativo y las zonas rurales representan «un tándem perfecto». A Villavaquerín le ha permitido «dar uso a unas instalaciones abandonadas, revitalizar el pueblo y que no se muera», tal y como explica Recio, orgulloso de que las aulas en las que él mismo estudió «vuelvan a tener vida».

Se muestra esperanzado en que el colegio sirva para «fijar población» y sueña con incrementar incluso el número de familias que decidan empadronarse en el pueblo, una vez que los niños ya no tendrán que desplazarse cada día, como hasta ahora, a Villabáñez o a Tudela para estudiar. El alcalde promete incluso para el próximo curso ayudas en el pago de la cuota mensual del centro a todas las familias censadas.
A Savia le ha valido, por su parte, para encontrar el escenario que necesitan para desarrollar lo que Alonso-Pimentel denomina «una educación para la vida». Y es que el centro, además de enseñar de puertas hacia adentro, está abierto «al medio rural y a sus habitantes». «Al mismo tiempo que nuestros niños se enriquecen con el contacto con la gente del pueblo; el pueblo se enriquece con nuestras actividades y fiestas», explica, mientras recorre el polideportivo que comparten escolares y vecinos.
El centro constituye, a ojos de la asociación, «un maridaje perfecto entre alumnos, padres, profesores y vecinos». Todos ellos conforman «una comunidad educativa».

Pero ¿es posible educar de otra manera diferente a la tradicional? Francisco Gómez y Eva Cámara, los dos profesores de la escuela, con más de quince años de experiencia, responden con un rotundo: «sí, es posible».

«Llegamos a los mismos contenidos, pero de forma diferente», afirman, convencidos de que «los grandes errores» del sistema convencional es «que trata por igual a todos los alumnos, sin respetar sus tiempos», que transmite «conceptos abstractos sin llevarlos a la práctica» y que plantea un sistema «basado en amenazas, castigos y en obtener buenas notas», olvidándose de que «sin emoción no hay aprendizaje».
Por ello, el proyecto que dirigen busca «la motivación intrínseca del alumno por aprender». «Sabemos que cuando el estudiante interacciona, colabora y coopera en una actividad es cuando realmente se despierta en cada uno el interés por descubrir», comenta Fran, mientras repasa con sus alumnos, de entre 6 y 12 años, el resultado de la película que entre todos han escrito, guionizado, grabado, montado y postproducido a partir de la historia de un niño que desapareció hace 50 años.

«Nosotros simplemente les propusimos como tema central trabajar la historia de la escritura. La idea de hacer una película surgió de ellos mismos», afirma. Con esta «excusa» aprendieron los distintos tipos de textos, el normativo, el epistolar, el narrativo..., al mismo tiempo que investigaban, negociaban entre ellos y se responsabiliza cada uno de un área.
Porque, aunque no haya exámenes ni notas finales, la responsabilidad y la disciplina están presentes en el aula, pero «entendida como que son ellos los que se marcan sus objetivos diarios, deciden sobre su tiempo, asumen las consecuencias de sus decisiones y se autoevalúan».

Les dejan que se equivoquen porque «el error es un proceso para el aprendizaje», sostiene el director del centro, para quien lo más relevante es que «aprendan a pensar». Por ello, afirma que el salto a la ESO tradicional, ante la escasez de oferta alternativa en esa etapa, «no les resulta problemático». «Ahí florece todo lo que se han ido plantando en Primaria»: autonomía, pensamiento crítico, responsabilidad, organización del tiempo, disciplina, trabajo en equipo y, sobre todo, confianza en «que son capaces».

El plazo de matrícula continúa abierto

Las puertas del centro están abiertas a cualquier interesado. El plazo de matrícula aún no se ha cerrado. La escuela rural Savia oferta, en su conjunto, 25 plazas para alumnos de entre 6 y 11 años (de 1º a 6º de Primaria), así como 21 plazas para niños de 3 a 6 años. Actualmente sus aulas están ocupadas por doce escolares.

Como datos prácticos, el horario de entrada para los alumnos es de 9.00 a 9.15 de la mañana; pueden llegar en cualquier momento dentro de esa franja. La jornada diaria termina a las 14.15 horas. Existe posibilidad de transporte escolar desde Valladolid y de servicio de comedor escolar, aunque los alumnos que lo necesiten deberán llevar la comida preparada de casa. Y, a demanda del alumnado, de las familias o a propuesta de entidades externas, se realizan actividades extraescolares: talleres de actividades artísticas (manualidades, instrumentos musicales), culturales o deportivas.